El espejo la devolvió una sonrisa irónica. – ¿La gustaré? Acto seguido se dio una bofetada a sí misma: -Eres una estúpida. Los golpes a la puerta de su habitación, la sobresaltaron. Como si Romualdo fuese adivino, le espetó nada más abrir la puerta:

-La visita de hoy es igual que las demás visitas que hayas tenido o las que tendrás, no estés dando vueltas a tu maliciosa cabecita.

-¡Vaya! ¿Desde cuándo piensas eso de la parte superior de mi anatomía?

-Perdona Rosa, lo siento, ha sido un pensamiento y un comentario soez y mezquino, lo siento. Pero la persona que va a visitarte hoy, seguro que es más sensible de lo que te ha mostrado en sus cartas, por favor, no me tengas esto en cuenta, me conoces, nada más lejos de mi que infringirte daño, pero seguramente que tu amiga epistolar ha sufrido mucho, precisamente por su orientación sexual, una pena, debemos acordarnos de los consejos que nos dio mi nieta.

Rosa sonrió y le dio un beso en la mejilla. –Eres un hombre bueno, y Remigio también, creo que va a ser un encuentro precioso.

Desde el hall de la residencia, esperaban los tres ansiosos la llegada de Rosalina. Todavía faltaban cinco minutos para la hora establecida, pero habían querido estar un poco antes de la cita, no fuera ella se adelantara.

Rosalina llegó puntual, elegante, discreta pero bella, natural y risueña.

Se presentaron y se sentaron en una de las mesas del patio-jardín. La tarde vistió de calma y sentimiento el flujo de los gestos y las palabras de los cuatro.

Mordida existencial: En el amanecer de los tiempos, ya existía el gen de la homosexualidad, el de la transexualidad, el de la sexualidad múltiple, el de la heterosexualidad, el de la sexualidad solitaria, es decir, el gen de la sexualidad, en el que están incluidas todas las modalidades y orientaciones posibles de sexos, igual que todas las modalidades posibles de personas. ¿Acaso existe alguna persona igual a otra? Y… ¿Por qué esa obsesión por juzgar? Si el deseo sexual es consentido, ¡qué viva la diferencia! Siempre que juguemos con el consentimiento del, o de los que habitan en nuestros juegos amorosos, bienvenidas todas las modalidades. ¿No es mucho más enfermizo, culpar, señalar, colgar cruces, estigmatizar, culpar, dejar a un lado, obviar, pisar, a todos los que nos acompañan en este viaje y tienen la riqueza de vivir su naturaleza con dignidad y respeto?

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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