-Menos mal que hemos traído las chaquetas. Argumentó Remigio mientras hacía cola, para recoger el cuadernillo de poesía del penúltimo viernes de “Poesía a Orillas del Órbigo”. Rosa y Rosalina, esperaban sentadas a que les llegara el turno, ya que Rosalina aún se fatigaba mucho y sus piernas no estaban para estar de pie. Después de que Ada Salas les firmara a los tres el cuadernillo, enfocaron el camino hacia la residencia con paso lento, ya que Rosalina se ayudaba de un andador.

A mitad del camino, Rosa, que notaba a su amada cansada, comentó:

-Podemos descansar en este banco, creo que nos vendrá bien. Lo dijo mientras miraba a Remigio por el rabillo del ojo para que éste le siguiese la corriente.

Fue el primero en sentarse. – Voy a leeros un poema de los que vienen en el cuadernillo, a mi me gustó mucho cunado lo leyó Ada Salas. Ambas asintieron, les encantaba escuchar a Remi, declamaba muy bien. –Se titula Suspender el juicio. Y dice: Recuerda nada es / lo que parece. Ni siquiera / la nada. Así por qué habrías / de temer. Si se arranca la carne aún / quedan los huesos. Y los huesos / qué son. Tal vez / no sean nada pero entonces / recuerda / que nada –los huesos / ni la nada- es / lo que parece. Y que lo vivo / crece / donde crece la muerte.

Muy bueno si señor dijo Rosa repitiendo: -“Y lo vivo crece donde crece la muerte”. ¡Qué gran verdad! Eso lo sabemos nosotros tres muy bien, ahora que La Parca nos sigue los pasos.

Se levantaron y continuaron el camino a la residencia donde compartían vida con otras muchas personas que aliviaban la soledad, en aquel hogar grande lleno de habitaciones con vistas al recuerdo.

Mordida existencial: Que un viernes a las ocho de la tarde te lluevan palabras y poemas desde las ramas de los árboles, a la vera del Órbigo, es una bendición que carga de hermosos latidos a todas las personas que dejan que calen los versos, en sus vísceras, para respirar la misma energía invisible, que llena de vida la savia del verde, junto al oxígeno azul del Órbigo que corretea hacia al mar. Diréis que no, que las palabras no llueven desde los árboles, y os digo que sí, que a sus ramas les llegan las poesías desde la voz de un Ada que no necesita la “h” para hacer magia con sus sílabas. Ada Salas, nos dejó un poso bueno y bello en la raíz de las emociones. Vayan para ella gracias envueltas en una enorme ovación por hacernos caminos con sus huellas.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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