-No, de eso nada querida. Tú vas al recital con Remigio.

-Que me quedo contigo, no seas cabezona mujer.

Rosalina tiene el corazón blando, muy blando, y a veces, necesita guardar reposo para que sus latidos sigan el camino de los días.

Remigio asomó a la puerta de la habitación de Rosa y Rosalina, después de haber llamado. – Rosa, tenemos que irnos, el recital comienza  a las ocho.

-Esta lela quiere quedarse aquí conmigo, ya ves qué arreglará ella. Dijo Rosalina, animando a Remigio a entrar.

Entre los dos acabaron por convencer  a Rosa para que acudiera con Remigio a “Poesía a Orillas del Órbigo”. Aunque moraban en la residencia para mayores del pueblo, no se perdían ni uno de los actos culturales. Solían ir los tres juntos, aunque veces les acompañaban otros residentes.

Mordida existencial: Vaya esta mordida para María Ángeles Pérez López, que nos dejó palabras llenas de vida en el tercer viernes de este julio lleno de “Poesía a Orillas del Órbigo”. María Ángeles dejó la pradera sembrada de versos, en las hojas de los árboles crecían “ohes” admirativos, los árboles se dejaron abrazar por los poemas curativos de una persona que secciona las palabras con el bisturí de la raíz, una poeta que envuelve los poemas con la corteza y la víscera de lo sentido.

Como ejemplo, una de sus bellas poesías: La bañera imagina, ilusionada / la presencia del pie, la de los brazos / admirables, redondos para el beso / de la piel que los cubre y acaricia, / de las piernas cansadas y felices / por el champú o el gel enjabonando / la orilla corporal de lo que somos. / La bañera imagina, desconchada, / el cauce de los ríos en invierno, / atrapados en lodo, en la corriente / que destaza los álamos, los chopos, / la aterida ribera del ciprés, / y siente el placer pequeño y envidiable / de su propia tibieza, su perfume, / del vaho contra el cristal, contra la puerta / jugando a dibujar los emblemas del cuerpo, / su existencia desnuda, la representación. / Mientras en casa la atmósfera caldea / el silencio interior y abandonado.

Una quisiera ser capaz de escribir así, de poder intuir la palabra que se derrama en el vértice de cada verso para recogerla y ponerla en el lugar que, exactamente ocupa. Gracias María Ángeles Pérez López por compartir la magia de tu poesía.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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