Un abanico de glicinias / abraza las palabras en vuelo. /Las palabras izan sus plegarias / hasta el oculto seno / de la diosa que todo lo da, / que todo lo tiene. / La diosa que nos amamanta / cada día, la que recoge / nuestros dolores en su regazo / de existencia. /  La diosa vida. / Ella, acude cada último viernes de mes / al templo de las voces sanadoras, /  a recoger en su canasto de ganas, / todas las palabras / que las poesías le dedican. / Vida se embelesa entre los verbos; / unas veces suplicantes, /

otras alegres y vaporosos, / otras dolidos hasta el tuétano / de cada sílaba. / Vida se toma el chocolate caliente / de cada último viernes de mes, / para que sus fibras / mantengan a la niña /  que late en cada verso, / a la mujer que vibra en cada poema, /

al hombre que camina / entre línea y línea. / Vida se empapa de poesía, / para poder resistir / la tempestad de lo feo. / Vida y Ágora; / hermanas, / confidentes, / diosas y humanas.

-¿Qué estás escribiendo tan concentrado? Remigio levantara la cabeza de la cuartilla en la que estaba embelesado para contestar a Rosalina

– Estoy corrigiendo el poema que voy a leer hoy en el anfiteatro de San Marcos, ya sabes, el ÁGORA de todos los últimos viernes de cada mes.

A la conversación se unió Rosa, que también traía un folio en la mano.

– Me maravilla el cosquilleo que aún me hace temblar cuando comienzo a leer en público. ¿A ti no te pasa Remi?

– Creo que a todos, aunque hay días y días, eso es verdad. Bueno habrá que darse una peinadita, coger el abrigo y encaminarse al olimpo de las letras. Y hoy, me ha dicho la directora de la residencia, que va a ir a escucharnos, y que de paso, si queremos nos trae ella de vuelta a la residencia.

Mordida existencial: El último viernes de cada mes en León, se da un prodigio poético, inexistente en cualquier otra parte. Ágora de la poesía, es un milagro de palabras que se sustenta porque allí la poesía tiene un lema. En Ágora, la poesía no compite, se comparte. La gran familia de Ágora no existiría sin  Ramiro Pinto, gracias él y a su incondicionales colaboradores, este último viernes se llegaba a la 95 edición de Ágora de la Poesía. A las diez de la noche, los asistentes se van apuntando para seguir un orden de lectura. Ahora, desde que la pandemia lo ha mutado todo, se encargan unos pocos, de leer lo que los demás envían por correo electrónico. Podría dar nombres, podría dar las gracias una a una, a todas las personas buenas que dedican su tiempo, su voz y sus ganas a irrigar el aire con palabras que se posan en el tejido de la vida, pero correría el riesgo de dejarme alguna, por eso, esta vez las gracias son para Ramiro Pinto y para todos los colaboradores que siempre están dispuestos y disponibles. ¡Muchas gracias a todos!

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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