La actual Europa se desmorona, el pensamiento occidental se desintegra, un estertor se oye en la lejanía, el último gemido del largo parto de 2000 años que sucediera en el lejano Nazaret, por fin hemos dado a luz a la bestia pagana (pues Cristo como divinidad de Oriente Medio nos pilla muy lejos en comparación con Zeus, Apolo, Júpiter o Cerunnos), el culto a la palabra nos ha llevado a esto.

Las “fake news” son un fenómeno incomprensible para la sociedad, ojos como platos, incredulidad por todas partes y el nacimiento de la cultura de la conspiración, son ingredientes del día a día y el COVID solo ha sido el detonador de un material altamente peligroso que llevamos más de dos milenios fraguando a fuego lento.

Hemos perdido nuestro contacto con la naturaleza y nuestra conciencia espiritual se ha visto reducida a la expresión “si Dios quiere”, olvidándonos de cualquier relación causal con nuestro entorno. Cuando una religión-filosofía reduce nuestra visión de la realidad tanto, es normal que en algún momento la ignorancia se convierta en una ciencia. Eso son las fake-news y las conspiraciones, Máster en Ignorancia.

Si no podemos determinar algo entonces no es verdad, a tal punto hemos llegado en nuestro individualismo intelectual que ya no valoramos siquiera el esfuerzo ajeno, nuestro sentido de colectivo se ha desintegrado, pero eso ya estaba augurado en el seno del cristianismo cuando se preconizaba la salvación del individuo por medio de solitarias plegarias y modos de vida personales e intransferibles. Si yo no puedo viajar por el mundo en cohete y ver la curvatura de la Tierra, solo queda una opción: la Tierra es plana.
Así es la lógica actual, desligada de la Naturaleza, nuestro pensamiento se ha convertido en un dictador insalvable, en el que la palabra lo es todo, en el que nuestra lógica no tiene respuesta.

Antiguamente un ciudadano podía imaginar algo, pero concebía que las Musas le habían inspirado las ideas, concebía pues que había una relación exterior a sí mismo que le había empujado a tener esos pensamientos geniales. Ver el mundo así llevaba consigo una respuesta de gratitud, bien fuera a un santuario en el bosque, en el río o la montaña, así como también un respeto a la comunidad a la que vivía mediante la veneración de las divinidades locales.

Ahora el “libre albedrío” nos ha vuelto esclavos de nuestra propia individualidad, puesto que no hay poder ajeno a nuestra voluntad, es imposible que una gran idea nazca fuera de nosotros mismos, y por lo tanto no hay cuestionamiento posible a nuestras propias ideas. Me aventuro a profetizar que nos encontramos cada vez más cerca del Solipsismo Oficial.

Donde la cultura grecolatina nos había dejado un legado de pensamiento filosófico ligado a una estructura metafísica que nos obligaba a mirar fuera de nosotros mismos, el cristianismo plantó en nosotros la semilla de la responsabilidad y de la culpa finales, obligándonos a ver a Dios como un Salvador de nosotros mismos, pero en cualquier caso somos nosotros quienes nos salvamos o condenamos con nuestros actos, somos tan geniales que podemos decidir nuestra salvación o condenación eternas solo con pensar o decir ciertas palabras en voz alta.

Esta veneración por el Logos, la Palabra, nos ha llevado a nuestra situación actual, situación en la que el pacto más primitivo y prehistórico de todos, véase que el enunciado significa lo que dice y lo que se dice es real (salvo que se indique previamente lo contrario de forma explícita), ese pacto pues se ha roto, se está disolviendo, y estamos creando un nuevo pacto en el que el lenguaje no sirve para comunicar realidades, si no para generar placer, controversia y facciones.

Se nos hincha el pecho hablando de la cultura cristiana, se nos hincha diciendo que a través del cristianismo recibimos la herencia Aristotélica, ¡qué desfachatez! Si el filósofo griego viera cómo tratamos sus bases materialistas, que ponían la esencia de las cosas en el propio objeto (al más puro estilo Wittgenstein), haciendo de Dios el origen de la virtud y por lo tanto condenando la causalidad a una descripción de la realidad que nos conduce inevitablemente a un : si las cosas van mal es culpa nuestra por nuestros pecados, y si van bien es gracias a Dios que nos bendice…

Ahora, desorientados y desprevenidos no entendemos nuestra realidad, solo entendemos nuestra realidad a través de las noticias, que no son si no una versión moderna del sermón de los domingos, así que hemos trasladado nuestra conciencia religiosa sobre la virtud cristiana a nuestra conciencia política sobre la situación actual, y de ahí surgen las nuevas religiones. Tenemos religiones progresistas-comunistas, protofascismos, conspiraciones con nombre de letra mayúscula (Q), y expertos en COVID y contraexpertos del mismo tema, en breves también habrá nuevas religiones en torno a la vacuna.

Mientras, se observan órbitas y conjunciones, se van aglomerando las opiniones, y donde hay muchas religiones el culto se simplifica y en el futuro los comunistas se pondrán la vacuna y los fascistas creerán en la libertad del individuo para elegir… cosas del siglo XXI.

Este es un ensayo nostálgico, puro romanticismo de 2000 años de vista hacia atrás, no volveremos al paganismo grecolatino, y la desintegración del cristianismo tal y como lo conocemos solo dará lugar al verdadero cristianismo, el que pregona la palabra como fin de la realidad.

“En el principio era el Logos, y el Logos era con Dios, y el Logos era Dios…. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”

El futuro nos deparará un delirio entre la ficción y la realidad, que solamente mantiene actualmente las formas gracias a la tecnología que, libre de nuestro pensamiento poco fiable, nos mantiene con un pie en la realidad.

Si algún día hay un declive tecnológico o cultural como el análogo de la Edad Media me gustará ver en qué deriva todo esto de las “fake news”, a lo mejor surge el Cristianismo 2.0, es decir una religión que dice que todo lo que no dice ella es mentira porque no lo dice ella. Obviamente es como decir que un árbol que cae en mitad de Siberia y nadie oye ni ve caer no cae porque nadie lo ve…

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