Baobab echaba de menos a su amigo Dinosaurio. Hacía unos meses que Dinosaurio había emprendido el camino para visitar a su familia, allá en el polo, donde Hielo tiene su hogar.

Una mañana muy temprano, Baobab divisó algo en el horizonte. Según se iba acercando, comprobó que se trataba de un grupo de humanos. Se alarmó. ¿Qué harían allí, fuera de los túneles donde Naturaleza los había desterrado?

Pero cual sería su sorpresa al comprobar que los humanos se abrazaron a su tronco con mucha suavidad y mimo.

-¿Escucháis su savia? Es el latido de Tierra. Desde sus raíces, Baobab late hasta que su sangre verde llega a cada una de sus hojas.

Se trataba de una clase al aire libre, para la cual tenían el beneplácito de Naturaleza. Los humanos llevaban mucho tiempo apartados en sus galerías. Conocían el exterior por las grabaciones que sus ancestros habían dejado, y por las salidas que de vez en cuando, Naturaleza les permitía hacer.

Baobab se sintió tan alagado que bombeó su sangre verde pletórico de alegría. Los humanos que le abrazaban, se llenaron de aquella energía tan poderosa. Sería un gran recuerdo para toda su vida. Aunque se sintieron tristes a la hora de tener que abandonar aquel precioso paraje donde Baobab vivía feliz.

Neuronada: La huella humana, está dejando tristeza en la tierra. No somos o no queremos ser conscientes de lo mal que lo estamos haciendo, a la hora de proteger y protegernos de nuestros egos. El ego es el peor gasoil o plástico o destructor que porta y soporta el hombre como animal que habita este planeta. Se podría decir que esa carga y descarga de ego, nos causa muchas veces, errores que ni siquiera nuestra inteligencia puede superar. El ego dispara virus contra los que aún no se han encontrado vacunas. Creímos que el confinamiento y el dolor que ha traído La Covid-19, nos iba a hacer mejores, pero…, hay ejemplos, tantos ejemplos de que no, que da un poco de yuyo observar a deportistas de elite, a políticos, a personalidades de todo el mundo, comportarse como rucios, y que me perdonen todos los asnos. Menos mal que muchos, están dando todo lo mejor de sí. A ellos gracias por ser todo lo humanos que deberíamos de ser todos.

            Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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