Estimado/a director/a:

Me permito hacerle llegar esta carta abierta que considero necesaria y urgente. En los últimos meses, y con profusión en los últimos días, hemos oído, leído y visto reiteradamente en todos los medios de comunicación la frase “Las dos Castillas” en referencia, por supuesto a Castilla-La Mancha y Castilla y León.

Entiendo que es una simplificación o abreviación de los nombres de las comunidades autónomas pero es obvio que en el caso de Castilla y León es un error histórico que no puede ser pasado por alto.

Como sabrá, y así lo recoge el Estatuto de Autonomía, la comunidad de Castilla y León es el fruto de la unión –personalmente diría que contra natura- de dos regiones históricas, legado a su vez de dos reinos históricos e independientes. Un Reino, el de León, en el que se fraguaron las primeras Cortes con participación del pueblo que llevaron a la Unesco a conceder a León, en el año 2013, el título de Cuna del Parlamentarismo. Unas Cortes de un reino cuyo territorio actualmente ocupan las comunidades de Asturias, Galicia, Extremadura, el norte de Portugal y las provincias de León, Zamora y Salamanca además de las tierras de La Rioja, Castilla o Cantabria.

Un peso histórico y geográfico que no pudieron evitar los redactores del Estatuto que recoge esa birregionalidad en su preámbulo y en la “y” copulativa que lejos de unir marca aquí la diferencia entre Castilla y León.

Los leoneses somos y nos sentimos leoneses, herederos de un Reino que fue, en la Edad Media, uno de los más poderosos y grandes de Europa, germen del Reino de España como atestigua el hecho de que no sólo el monarca reinante, Felipe VI, es Rey de León sino que el Escudo de España tiene un cuartel con el León rampante que lo identifica.

León ha sido un Reino y ahora es una región con su propia identidad dentro de la comunidad autónoma. Hartos ya de oír constantemente el gentilicio castellanoleonés en medios de comunicación, tertulias políticas y predicciones meteorológicas, los leoneses luchamos por nuestra identidad y nuestro reconocimiento. También ahí. Ahora duele más que ya ni siquiera se incurra en el error del gentilicio y se borre el nombre de nuestra tierra en artículos, piezas o crónicas.

Nadie entendería que el nombre de un país se abreviara o que la comunidad de Madrid pasara a ser solo Mad para abreviar. Pues tampoco es lógico ni ajustado a la historia que Castilla y León pase a ser Castilla por economía, error u omisión. Un error u omisión que nos duele profundamente a la mayoría de los leoneses, cansados ya de reivindicar nuestra identidad.

Le agradecería que tome en consideración mi carta y mi petición de que cada vez que en su medio se haga referencia a la comunidad no se olvide la birregionalidad de la misma y se asuma su nombre completo Castilla y León, con esa “y” que tanto nos costó lograr y que refiere al origen de la comunidad, a siglos de historia propia e independiente, y a peculiaridades de una región en la que seguimos luchado por ser solo leoneses y reconocidos como tales.

Le pido, como favor y como acto de justicia, que en el libro de estilo de su medio, se subraye esta situación y se haga llegar a todos los redactores este recordatorio sobre el nombre de la comunidad y la historia de la que deriva, para evitar -de nuevo- un error incomprensible, innecesario e ilógico y un daño moral que provoca a miles de leoneses.

Reciba un cordial saludo

José Antonio Diez Díaz

Alcalde de León

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