Romualdo observa a su compañero de habitación un poco más cabizbajo que de costumbre. Coge la máquina de fotografías que siempre tiene a mano y dispara varias veces. Remigio está tan metido para sus adentros, que ni se entera.

-¿Qué, muchos días por aquí? Le increpa suavemente para que no se asuste.

– Siempre estás igual, déjame tranquilo anda. Dice Remigio

– Perdone su señoría, le ruego me disculpe si le he molestado. Contesta Romualdo, ironizando para suavizar el momento.

-No perdóname tú a mí, es que hoy… es un día chungo. Hace veinte años que murió mi madre. Y aunque todos los días me acuerde de ella, hoy es peor. Hoy la conciencia me recuerda lo mal que me porté con ella. Tener un hijo que te maltrata, no debe ser bueno para la salud.

– ¡Vaya, lo siento! Repica Romualdo, menos mal que hoy viene mi nieta y así podrá darte una sesión terapéutica de las de ella. Y también tenemos clase de dibujo y pintura con Rosalina, así que sacúdete las penas y vamos al salón de actos, ya estarán todos allí, cada uno con su cuadro.

-Gracias Romualdo, dice Remigio un poco aliviado, vamos, tengo ganas de echarle mano a los pinceles. Me gusta como me están quedando las amapolas. A propósito: ¿Sabes por qué escogí pintar amapolas?

Remigio se queda unos instantes callado. Romualdo espera que su amigo salga de los pensamientos y le de la explicación. – ¿Cuál fue el motivo de que escogieses las amapolas?

-Porque son rojas, como la sangre que mi mala cabeza hizo pudrir a mi madre y a mi compañera de vida, mejor dicho de mala vida, la que yo les di a ambas. Los pétalos rojos de las amapolas, son como una expiación por aquellas sangres que envenené cuando mi existencia estuvo totalmente desquiciada.

Mordida existencial: Pétalos rojos, sí, pero no habrá amapolas suficientes en el mundo que puedan borrar la horrible muerte de un hijo en manos de un padre maltratador, capaz de asesinar a su propia sangre. No habrá suficientes pétalos rojos en el mundo capaces de reemplazar la sangre quemada de una mujer que ha sufrido violencia y humillación. Y lo más grave es que aún no se ha descubierto ninguna vacuna eficiente para una pandemia que lleva existiendo desde que…,¿existe la humanidad?

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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