Los grillos que cantan a la luna / no saben que hoy ella no saldrá. / ¿Se callarán, después, / de haber ensayado a coro / la melodía del viento? / Hoy la luna no sale, pero / en las cornisas de la memoria, / han anidado luciérnagas de colores, / que alumbran los caminos. / Caminos de otros, caminos tuyos Paz. / Caminos tus versos, / que van a dar al río de tus manos / al mar de tus anhelos, / al hogar del poema. Sea. / Sea el poema esa casa de pétalos, / que encierra el eco de las palabras, / y la lluvia de las sílabas / aún no pronunciadas. / Sea el poema un soplo de luz, / y un pájaro que descansa / en el poemario de cada día. / ¡Schssssss! Les oigo, están cantando, / los grillos cantan, llaman a la luna / inútil su canto, ella no vendrá, / pero la luz de las luciérnagas / me ha dejado recorrer / el nido de tus palabras. Poemario. / Ahí he entretejido retazos / del canto de los grillos, / para “ritmear” al son de tus versos. / En ese nido he encontrado sumas, / y restas, y ganas y restos / de silencios, de rutinas, de caminos / en construcción. Paz. / Te he encontrado Paz, desenredando / ese nudo de dudas, / que todos llevamos en el ombligo.

Ghada lee el poema a su padre que la mira sin pestañear. Mazem, el padre de Ghada, vuelve con su pensamiento al patio de su casa en Siria. Escucha los grillos, que cantan igual que los de aquí, pero hay algo en el aire del patio que le hace ponerse enervado, los grillos también se callan, en la calle se escucha el lamento de alguien. Mazem sale con sigilo, la luna a la que cantan los grillos, le refleja un cuerpo recostado en una pared. Los lamentos vienen de allí. Se acerca mirando a todos los lados, la calle está vacía. Una hermosa muchacha abre sus ojos ante el contacto de él. -No temas, te ayudaré. La ayuda a levantarse y se la lleva a casa. Despierta a su padre y a su madre. Entre los tres le curan las heridas y le dan algo de comer. Aquella muchacha apaleada acabaría por ser su mujer. Su mujer Hala, la madre de sus hijos. Y… los grillos siguen su hermosa canción a la luz de la luna, pero ahora es aquí, en este país que les ha acogido y al que siempre agradecerán con todos los átomos de su ser, el poder seguir siendo personas.

El poema que inicia este escrito está dedicado a Paz Martínez, lo ha sugerido la lectura de su nuevo poemario titulado “En los márgenes del tiempo” El poema, comienza con la cita de los siguientes versos de Paz Martínez: “Pero quisieran mis letras y mis ansias / descubrir en los surcos de mis huellas / la hermosura de los grillos que cantan a la luna.

Paz Martínez es una incansable divulgadora de su tierra, la Somoza Trabaja en múltiples proyectos que incitan a conocer el entorno rural por medio de diversas propuestas culturales. Quizá la más antigua sea “INSITU Santa Colomba” que desde 1994 ofrece iniciativas culturales para acercar la comarca a todos. También junto con Oscar Valero, han creado el certamen literario “Sembrando palabras” en el que de una manera muy original, cada participante puede ver su trabajo colgado de alguna de las preciosas ventanas de Santa Colomba. Otra propuesta extraordinaria, en la que colabora también la escritora Mercedes G. Rojo, que comenzó el año pasado, es la del encuentro de poetas  Solsticio en Turgencius en Turienzo de los Caballeros,

Mordida existencial: “En los márgenes del tiempo” es el segundo poemario de Paz Martínez, el primero: “De musgo y piedra”, ya nos dejó evidencia de la persona y poeta  que había en el corazón y en las tripas de esta mujer.

Sin lugar a dudas, para este verano, tengo entre otros, releer los versos de Paz Martínez. La poesía es la mejor manera de restañar las turbulencias políticas de un estío que se presenta agitado.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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