Encontrarte en el anfiteatro de San Marcos de León, el último viernes del mes, es encontrarte en la isla mágica de las palabras. Allí convergen los verbos que dan calma y enseñan. En el espacio abierto que se llena de versos, descansan las alas de los poetas que van a recitar y de los poetas que van a escuchar. No hay edad, ni ninguna barrera nada más que la verdadera y única voluntad de convertir las rutinas de cada uno en cantos de voz clara. El lema que siempre reza en Ágora es “La poesía no compite, solo se comparte”. Este lema que Ramiro Pingo Cañón acuñó con respeto y pluralidad, es la única premisa que rige en cada Ágora, ya la ciento siete desde que hace nueve años, tres personas, entre ellas Ramiro, dieran pies a los sueños de las palabras. Un espacio donde el viento se para a escuchar, como es el Ágora. No existe en ningún otro lugar. Un espacio donde el viento acoge los ritmos de los más jóvenes, de los que están empezando, de los sabios que ya bailan con los ojos cerrados sobre los versos, de los que dejan que los poemas les vistan de fiesta, de los que cierran los ojos para ver mejor las venas de los renglones, de los que recitan de memoria, de los que se aferran al folio para dar fuerza a sus voces. En suma, todas las personas que quieran, pueden leer versos suyos, o de otras personas, solo con apuntarse. Los últimos viernes de mes, en el anfiteatro de San Marcos, León se abre a la canal para expresar, por medio de sus poetas, todo lo expresable. Pero con su lema bien presente: “La poesía no compite, se comparte”.

Neuronada: En este XXIII capítulo de “El hogar de la vida”, Naturaleza, que es el hogar de la vida, ha decidido guardar en el bolso superior de su camisa verde, esta cita de cada viernes en el Ágora” de León, para mostrársela a la humanidad que poblará este planeta en el año tres mil veintidós. Dentro de mil años, este ejemplo debería seguir cundiendo, y no solo en León, estaría muy bien que se diera en todas las ciudades. Seguramente mientras los humanos están hilando versos, no se malogra en su corazón la bondad. Seguramente si en los pupitres hubiese más poemas, se erradicarían envidias, se intercambiarían lenguajes, se regalarían miradas creativas que borrarían el odio. Naturaleza está dispuesta a que Ágora persista y que durante mil años más, las palabras dejen inermes a las armas.

Si tienes oportunidad, acuérdate, el próximo último viernes de mes en el anfiteatro de San Marcos de León, la poesía se convierte en existencia.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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