Rosalina pintaba menos ahora que los días son tan cortos. Así que se sentó en la camilla que tenían Rosa y ella en la habitación de la residencia para leer un rato el periódico. En su corazón se dibujó un escalofrío al leer la noticia de que en muchos hogares, no podían encender la calefacción ya que en sus casas entraba un jornal ínfimo. ¡Madre mía, cómo son capaces de resistir! Dijo en voz alta.

Rosa que estaba leyendo un libro levantó la cabeza y preguntó:

-¿Quiénes son capaces de resistir el qué?

-Estoy leyendo que hay un porcentaje elevado de familias que viven en unas condiciones lamentables, ya que les llega para calefacción. Nosotras aquí tan calentitas…, de ahí la observación.

Rosa se quedó mirando por la ventana, comenzaba a nevar. -Recuerdo ir con mi madre al reguero del pueblo a lavar la ropa y tener que romper los carámbanos. Y en la casa, la única estancia que se mantenía caliente era la cocina, pero salías de allí y el pasillo parecía el puerto Pajares. ¡Qué tiempos!

-Pues ahora con esta crisis terrible, creo que está pasando algo parecido a más personas de las que nos parece. Argumentó Rosalina.

– Nosotras somos privilegiadas, estamos aquí calentinas y muy bien atendidas. Es una suerte que gracias a nuestros ahorros ahora podamos vivir tranquilas.

Mordida existencial: El Covid-19 está dejando al frío aire del invierno que ya está en la calle, las delicadas existencias de personas que se han visto abocadas a depender de asociaciones, de familiares o amigos. Basar las economías en el consumo, puede traer éstas terribles consecuencias. Un consumo equilibrado es lo ideal, pero desde hace unos años, la moda pide, casi exige, consumir, si no consumes eres un bicho raro. Ante la situación de una pandemia global que nos pone y nos seguirá poniendo al límite durante un tiempo incierto, el consumo se ralentiza, en contrapartida y para bien, estamos reaprendiendo a reciclar, y hasta a portarnos un poco mejor con la naturaleza. Puede que la pandemia nos esté dejando en un agujero, pero la humanidad siempre ha sabido escalar para ver el horizonte. Lo veremos, pero ojalá tengamos muy presente que somos insignificantes ante otros seres, que aunque sean tan diminutos que no se ven, pueden enviarnos a la inexistencia.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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