Foto: Isaac Llamazares

Si hay un movimiento político y cultural que haya triunfado en León desde que llegó la democracia, es sin duda el Lexit: la salida de la Comunidad de Castilla bajo el lema de “sin León no habría España”.

En el Pleno de San Andrés del Rabanedo, uno de los municipios de León, se votó hace algunas semanas a favor de la salida, y este mismo sábado lo aprobó también Vadeviejas, el pueblo más grande de las cuatro pedanías de Astorga. Con esta, con ya 46 pedanías leonesas las que se han pronunciado a favor de la autonomía. Los resultados de estas votaciones han reabierto el debate público sobre el futuro de nuestra provincia, un debate que desde que se aprobó la Constitución en 1978, nunca se ha podido llegar a cerrar.

Los autonomistas apelan a la independencia de Castilla por motivos históricos que llevan a considerar que la provincia de León tiene una cultura diferente, lo que la hace merecedora de su propia autonomía. Sin embargo, las raíces del desencanto con Castilla son mucho más profundas, y quedarse en los motivos culturales para defender la autonomía, sería sencillamente, un análisis superficial. Es cierto que cuando se creó el mapa autonómico durante la Transición democrática, no se preguntó a la población de León si estaba de acuerdo en formar parte de Castilla, y las cosas mal hechas traen consecuencias a largo plazo. Pero si ahora gran parte de los leoneses y leonesas reivindicamos la autonomía no es por motivos culturales: Es porque Valladolid no ha dado a León la importancia que merece. Nuestra provincia es una de las más ricas de Castilla, con zonas muy punteras como El Bierzo y que, sin embargo, Castilla no ha dejado que desarrollen todo su potencial.

No es una cuestión identitaria, es un problema económico. León ha llegado a ser denominado la Detroit española. Detroit es una ciudad del estado de Michigan en Estados Unidos que consiguió ser una potencia industrial gracias a la fabricación de coches, pero después entró en una grave crisis que la convirtió en poco menos que una ciudad fantasma. Esta es su similitud con León: Una ciudad que fue capital de un reino que abarcaba media península, que fue la cuna del parlamentarismo, y que hoy, nuestros políticos han permitido que pase a ser un ejemplo más de la España vaciada. La Comunidad de Castilla ha fomentado el desarrollo de todas las provincias salvo la de León. No podemos seguir en una Comunidad que permite que nuestra ciudad sea el Titanic de Castilla. Valladolid acapara la mayor parte del presupuesto comunitario y de las sedes autonómicas, lo que deja a León sin ningún apoyo económico para salir delante de la crisis en la que lleva años sumergido. Si la Comunidad Autónoma no hubiera abandona a León, seguramente no existiría un regionalismo autonomista. Pero ya hemos visto (y sufrido) las consecuencias de formar parte de esta Comunidad a la fuerza: Cierre de fábricas y de minas, cientos de familias en el paro, emigración masiva de los jóvenes… En pocas palabras, Castilla nos ha despojado de todo futuro prometedor que pudiéramos tener. Para la supervivencia de nuestra provincia y para representarnos a nosotros mismos, es imperativo que tengamos el control de la gestión.

Sin embargo, la idea de una nueva Comunidad Autónoma junto con Zamora y Salamanca presenta bastantes dificultades económicas, pues se pone en duda si podría afrontar la carga fiscal que supone la autonomía. Otra alternativa es la de crear la Comunidad Asturleonesa, que se planteó en el mapa preautonómico potenciando la industria minera y los flujos económicos y migratorios, aunque no se pudo prever en ese momento el desplome de la minería y el estancamiento de las tasas de natalidad que se dio a partir de los años 80. Finalmente, no salió adelante por motivos partidistas, entre otros, a pesar de la simpatía histórica entre León y Asturias: Si Asturias iba sola tendría mayoría la izquierda, pero con León, la mayoría sería para UCD.

León ha soportado durante más de treinta años el abandono estatal. Nunca hemos tenido políticos que se preocupen por nuestra tierra, ni en León ni en Castilla y tanto la Comunidad como el gobierno central nos han dejado morir paulatinamente. Pero su negligencia ha despertado a nuestro pueblo y ya no estamos dispuestos a dejar que sigan ignorando nuestras necesidades. Aún no pudiendo contar con los políticos, rescataremos nuestro futuro. Porque solo el pueblo salva al pueblo.

Lucía de Castro, estudiante de Ciencias Políticas y Administración Pública.

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