Vayse meu corachón de mib

Ya Ra, ¿se me tornarad?

Jarcha

Llegamos a Santa Colomba de la Vega una mañana de domingo, deseosos de visitar una Iglesia de la que María José, con la que comparto muchas horas de trabajo y fatigas, me había hablado maravillas.

Ella no pudo acompañarnos, y no fue fácil encontrar el templo, escondido entre chalets impresionantes,  casas de labranza, y una acequia de aguas cristalinas.

Llegamos pronto, el culto no había comenzado, y nos dio tiempo a curiosear la portada románica, sus columnas decoradas con motivos vegetales y bellos capiteles. Un pórtico que aseguran, perteneció a la Iglesia de Celada de la Vega.

Un pueblo pequeño y una Iglesia tan grande  y majestuosa, comenta Ángel, hablan de un pasado de riqueza y alcurnia. Y así debió de ser, aunque son pocos los documentos que se conservan de ese glorioso pasado.

De las lápidas que cubren sus paredes, una nos sorprendió: escrita en latín,  reza asi:

“¿QUIEN SE ACUERDA DE LOS POBRES SENTADO A LA MESA?,”  MCCCXVIII. LO ESCRIBIÓ EL ARCIPRESTE.

Una reflexión que parece un sarcasmo y a la vez un reproche, para aquellos monjes que acudían a orar al santuario hace ya, seis siglos.

Después llegaron dos sacerdotes y pudimos penetrar en el templo.

Allí, la belleza de la cúpula te deja sin aliento. El artesonado mudéjar lleno de color, con figuras geométricas, estrellas  soles y escudos, semeja la bóveda celeste una fría y estrellada noche de enero. Un meticuloso y hermosísimo  trabajo de decenas de metros cuadrados, policromados en delicada madera. Sobrecogidos por el descubrimiento, tanto Mari Luz como Lolo, deciden subir al coro para ver más de cerca los dibujos recubiertos de pan de oro.

La planta de este templo es similar a otros que se pueden encontrar en muchos pueblos leoneses: una nave única, rectangular, con  una capilla mayor de planta cuadrada y una torre-campanario. Pero en este,  hay algo peculiar, y es que  el presbiterio, tiene una  anchura mayor, rompiendo la habitual proporción entre ambos espacios. La iglesia que data de los siglos XIV-XV, ha tenido numerosas reformas.

El historiador local José Alfayate García, que publicó un libro bajo el título de ‘Santa Colomba de la Vega. Pueblo y alma’, cree haber documentado que ya existía una iglesia en el año 1200, pero no se han encontrado rastros de ella. Podría ser. No hay más referencias.

Lo que sí se sabe con certeza es que cuando La Bañeza era apenas una pequeña aldea, Santa Colomba de la Vega constituía, ya, una de las más importantes poblaciones de la zona. La localidad tuvo palacio, castillo, y un señorío que ostentaba la propiedad de todas las tierras hasta donde alcanza la vista.

Íbamos de sorpresa en sorpresa, pues también desconocíamos que fue declarada  Monumento Nacional en 1943. Ángel preguntó a los dos sacerdotes, pero les apremiaba el tiempo para celebrar la Misa dominical, así que tuvimos que conformarnos con lo que habíamos leído y también, sobre todo, con lo que María José Martínez Santos, ha publicado en su página Web,(http://www.santacolombadelavega.es) que ella misma ha diseñado y de la que se ocupa, dada la desidia con que las Administraciones Públicas tratan esta maravilla.

Así escribe María José en su página: …excluida de toda guía turística,  no se sabe porque extraño motivo, Santa Colomba de la Vega y su magnífico templo, permanecen ocultos en el silencio de un pueblo aferrado al recuerdo de antiguas batallas , de fuentes moras perdidas, de las derruidas almenas, de abandonados castillos. Como en un oscuro secreto de familia, resisten ecos de monjes guerreros, de historias sobre siniestros mástiles- horcas emplazadas en los cruces de caminos. Fábulas sobre tesoros robados y esplendores perdidos. La nostalgia de un pueblo que un día fue Villa, Libre, Realengo y Soberano.”

Un tesoro mudéjar  en forma de artesonado, a donde se accede por una bella portada románica, eso puede ver quien decida acercarse a Santa Colomba de la Vega.

Tan cerca y sin embargo tan lejos de la mayoría de las gentes de la provincia de León.

Y tan lejana también de la protección y promoción necesarias.

Sin duda, merece la pena visitarla.

Victorina Alonso Fernández

En un hermoso día de septiembre del año 2019.

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