Irán defiende con todos sus hombres en su propia área. Pierden tiempo sus jugadores constantemente. Se tirán al suelo, hacen todo tipo de marrullerías y se fingen lesionados, con el consentimiento del árbitro que es un petardo de cuidado.

Los primeros 45 minutos son un fracaso total de una España muy nerviosa, que ni ha tirado a puerta con la mínima precisión y esta jugando con una lentitud desesperante.

Pero se reanuda el juego y Diego Costa, que está en un momento dulce y eso es muy importante en un torneo corto como un Mundial, les endiña el primer gol a trompicones y de rebote a los iraníes.

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