Tenía las manos llenas de letras, llenas de sílabas, de palabras, de frases. Tenía un libro entre las manos. Un libro es una casa llena de aventuras, llena de soluciones, de problemas, de risas, de lamentos. Un libro es tiempo, puede haber sido pasado, es presente, futuro y, puede volver al pasado.

A Palmira que siempre había estado muy orgullosa de su nombre, aunque ahora estaba triste, por lo de la ciudad  que se llama como ella y está tomada por la barbarie; le maravillaba ese tacto del papel entre las manos, esas convulsivas ganas de pasar la hoja, cuando se acababa el texto de la página y estás esperando las frases siguientes como lluvia en el desierto.

Palmira siempre tenía un libro, o dos entre manos. Prosa y poesía eran sus lecturas preferidas. La lectura le había dado momentos de calma. Había apartado, durante alguna que otra hora,  los sufrimientos y avatares a los que la rutina nos tiene amarrados.

Hoy viernes, tenía reunión en el club de lectura. Los días de reunión en el club de lectura, eran días estupendos. Parecía mentira, cómo cada lector, va construyendo un libro distinto con el mismo título y el mismo autor. El club de lectura era un hervidero de conocimientos. Lo que a unos se les pasaba por alto, era de lo más importante para otros. Y no digamos aquellos días en los que el autor del libro que se leía, acompañaba a los miembros del club. Tener al autor, saber cómo había surgido la idea del libro, cómo a medida que los personajes van tomando forma, son ellos los que van surcando los renglones de la historia que camina por el libro, era genial.

Mordida existencial: La historia precedente bien podría ser un reflejo del club de lectura “Río Órbigo” inaugurado el 24 de abril de 2013, al que pertenezco.

Pero hoy he titulado este texto “Saudade” porque siento mucha nostalgia de una magnífica expresión cultural creada por nuestro XI Premio Internacional “Gerardo Diego” de Investigación Literaria 2011 que no es otro que Tomás Néstor Martínez Álvarez, llamada “En otoño narradores”, que se entroncó con el club de lectura, y de la que este año no ha habido noticias ni las habrá, ya que el otoño está a punto de quedarse en la alfombra que han ido tejiendo sus hijas las horas teñidas de hojas.

Eso es lo que me ha inducido a traer hoy a estas líneas, la nostalgia que me ha producido que se quede en el camino, un acontecimiento cultural tan importante. Tengo que reconocerlo, hoy tengo saudade de “En otoño narradores”

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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