Sergio Ramos fue otra vez clave en el momento decisivo. El de Camas empató un partido en el peor momento del Real Madrid

El Clásico fue intenso, con ritmo, como gustan al aficionado. Aunque carecieron de ocasiones claras. El ritmo fue endiablado, presión alta y salida rápida a la contra. En el Barcelona, Messi fue el faro una vez más. Por él pasaba la creación y, por supuesto, el pase para desbordar a la defensa del Madrid. En los blancos, el tridente del medio campo, Kovacic, Modric e Isco, fue superior en cuanto a fútbol se refiere. Cortaban creaban. Por momentos, el partido parecía de voleyball por las supuestas manos, que un buen Clos Gómez, aunque alguna se comió, no pitaba. El colegiado estuvo bien, aplicando el juego y dejando continuar las jugadas.

clasico-2 La segunda parte comenzó de igual manera, hasta que un balón de Neymar al que Keylor se queda en la línea, lo aprovecha Suárez para  adelantar al Barcelona. El costarricense pecó de lo que le pasaba a Iker los últimos años, que por miedo a equivocarse en la salida, no atacaba la pelota y zas, 1-0. Mientras en el Barcelona salía Iniesta al campo, Zidane sacaba a Isco de la cancha, por Casemiro. A partir del gol, los catalanes empezaron a dominar y a encontrar espacios entre líneas. Neymar tuvo el 2-0 pero la tiró incomprensiblemente arriba. Messi también la desperdició. El Madrid desaparecía conforme pasaban los minutos. La presión desapareció y, con ello, el fútbol. Y cuando peor pintaba todo para el Real Madrid, apareció el de siempre. No es portugués, es español y se llama Sergio Ramos. Otra vez de cabeza, otra vez en el momento clave, otra vez ha sido decisivo. Remate de cabeza y gol. Empate sobre la bocina.

Reparto de puntos en el Camp Nou y sensación agridulce para el Barcelona. Lo tuvo ganado, pero apareció Ramos. La Liga se mantiene a 6 puntos.

Juan Lorenzana Prieto @juanlp91

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