dipu guardia civilFrente a la escasez de personal y medios en la provincia, los trabajadores del Cuerpo siguen demostrando por qué la Guardia Civil es la institución más valorada por los españoles

Como cada verano, los guardias civiles de la provincia de León vuelven a encontrarse desbordados ante la falta de personal, la carencia de medios y la mala organización territorial. Con municipios donde la población se multiplica durante los meses de julio y agosto, y la plantilla, ya de por sí mermada por los recortes, aún más reducida por las vacaciones de los propios agentes, los trabajadores del Cuerpo apenas dan abasto para atender las necesidades de los ciudadanos.

Sin embargo, la abnegación de los guardias civiles continúa supliendo, muchas veces a riesgo de su propia integridad, esas carencias. Fue el caso del grave incendio en una vivienda que tuvo lugar el pasado 11 de julio en la localidad de Valderas, y en el que la intervención de dos agentes resultó fundamental para salvar una vida. AUGC León no puede por menos que aplaudir el valor y la profesionalidad de estos dos compañeros, al tiempo que lamenta las malas condiciones en las que se ven obligados a trabajar los guardias civiles en la provincia, con vehículos con más de 400.000 kilómetros, sin chalecos antibalas individuales o en instalaciones que presentan graves deficiencias.

 

Eran aproximadamente las tres y media de la madrugada cuando sonó el teléfono en el cuartel de la Guardia Civil de Valderas. Una vivienda estaba ardiendo. Roberto González Calvo y su compañero Sergio Sánchez González, ambos afiliados a AUGC, acudieron a toda velocidad en su coche patrulla al lugar del fuego. El panorama que se encontraron era dantesco.

 

“Se trataba de una casa muy vieja –recuerda Roberto, un guardia civil de 34 años, con más de diez de experiencia en el Cuerpo y natural de la vecina localidad de Valencia de Don Juan-, la de un hombre mayor al que conocíamos, porque suele venir por el cuartel a saludarnos. Comencé a llamarlo por su nombre, pero no contestaba. Sabíamos, por nuestras conversaciones con él que la puerta delantera de su casa estaba atascada, por lo que siempre usaba la trasera, que era precisamente donde estaba la peor parte del fuego”.

La situación era de extrema gravedad, como pronto pudieron comprobar los dos agentes, a los que se unió en su ayuda un cabo del Ejército de Tierra que pasaba unos días de descanso en la localidad.

“Me subí a una pared para ver si podía oír al hombre, pero en ese momento se produjo junto a mí una explosión, seguramente por una bombona. No había tiempo que perder, así que la emprendimos a patadas con la puerta delantera a patadas hasta que conseguimos que cediera. Ni me lo pensé. Entramos en la casa y vimos al hombre, que estaba muy asustado y se negaba a salir, porque decía que tenía animales dentro y que no se iba sin ellos. Finalmente, lo cogí en brazos y lo saqué de la casa”.

Fueron apenas dos o tres minutos, pero en ese tiempo la rápida actuación y el valor de los dos guardias civiles y el cabo que los acompañó sirvieron para salvar una vida.

“No nos lo pensamos, ahora, cuando veo el vídeo que existe del incendio y compruebo que la explosión de la bombona me cogió a apenas cinco metros, me doy cuenta de que corrimos mucho peligro”, reconoce Roberto, al que ni el pensamiento de su hijo de apenas dos años disuadió en ningún momento de poner en riesgo su vida para salvar la de otro ciudadano.

Con más de 30.000 afiliados, AUGC es la decana de las asociaciones profesionales y la mayoritaria en el Consejo de la Guardia Civil. Cuenta con representación en todo el territorio español, en cada una de las unidades y especialidades del Cuerpo y viene liderando el movimiento asociativo desde la llegada de la democracia, cuando nació como un sindicato clandestino. Su lucha por la democratización de la institución le valió en 2010 el Premio Nacional de Derechos Humanos que concede la Asociación Pro Derechos Humanos de España (apdhe).

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