fundacion merayo

La tarde se posaba quieta / sobre los hombros de la casa. / En la mansa dejadez /  del ritmo pausado del día, / se vino a sentar, sobre el limo del recuerdo, / la palabra engarzada en cuentos, / en relatos, en versos, / en sentido del sentimiento. / La música puso alas a las palabras. / El patio se llenó de magia, de esencia. / Se encendió el músculo del alma, / la risa también hizo parada allí. / Las historias, los ayeres, el hoy, / la fibra del mañana, asentándose, / en las palabras y en las notas musicales, / que volaban asidas unas a otras, / como gemelas engendradas, / en la misma tarde, en el mismo útero. / La tarde se posaba quieta / sobre los hombros de la casa. / En el patio se celebraba la vida, / con el latido del lenguaje, / con la vibración de la tierra, / avanzando en su próxima vuelta / alrededor de la música y las letras, / sin alterar el paso de la tarde.

El pasado jueves 21 de julio, se celebraba el primer filandón  en la Fundación Merayo, coordinado por el escritor, poeta y hombre de  auténtico corazón literario: Antonio Merayo.

La conjunción de una hermosa tarde con el lugar y con el intercambio de palabras, música y arte, que se dio en la Fundación, asentaron un poso bueno en los entresijos donde se guardan los recuerdos y los secretos. Tanto lectores, como músicas,  como escuchantes,  tuvimos momentos de coyuntura y de risas. Es impagable el buen rato que pasamos, gracias a Ángela Merayo y a su Fundación. Añadiría que son actos que tienden a desparecer, ya que las nuevas tecnologías y su abuso, darán al traste con tradiciones tan fundamentales como es el filandón.

Mordida existencial: Vaya la mordida para todos los que escucharon con dedicación a los participantes: Nuria Antón, Miguel Paz Cabanas, Alberto R. Torices, Mercedes G. Rojo, Antonio Toribios y la que cuenta. También para Carmen Brañanova, que hace hablar a la mandolina y al rabel, a Venidle María Seca Suárez a la guitarra  que regaló nuestro oídos con su voz.

¡Gracias! A Antonio Merayo que coordinó como él sabe, un acto tan familiar, emotivo y alegre.

¡Gracias! Para Ángela Merayo que está convirtiendo su fundación en un espacio abierto a la cultura. Hacen falta muchos espacios así, para olvidar el moho que cuelga en tantos estamentos sociales y políticos. Ojalá cunda su ejemplo.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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