La presión de los fluidos que circulan en la zona por el interior de la corteza terrestre también explicaría la formación de yacimientos de metales como el oro.

Una investigación llevada a cabo por geólogos de las universidades de León (ULE), Rey Juan Carlos y Complutense de Madrid, que ha sido publicada en la revista americana ‘Tectonics’, ha analizado el origen de la sismicidad en El Bierzo y la posibilidad de que puedan producirse nuevos terremotos de cierta magnitud, como el que tuvo lugar en Molinaseca en el año 2006. También permite explicar el proceso de formación de yacimientos minerales de metales estratégicos como el oro, el wolframio y el estaño.

Uno de los aspectos más controvertidos sobre la sismicidad en la península ibérica es por qué se producen terremotos en el noroeste, una zona que está alejada cientos de kilómetros del límite de placas activo. La investigación ahora publicada ha analizado, a través de una serie de modelos, los mecanismos que influyen en las variaciones de profundidad a la que se producen los terremotos en todo el noroeste peninsular, y ha permitido a los autores del trabajo conocer los mecanismos responsables.

El Bierzo es una de las zonas de la provincia con mayor actividad sísmica. Uno de los terremotos más fuertes fue el sentido en la mañana del 10 de junio de 2006, cuando se registró un temblor de magnitud 4.1 en Molinaseca. “Pero no es el único, -explica el investigador de la ULE Javier Fernández Lozano-, porque en los últimos 20 años se han producido más de 150 terremotos. Aunque la gran mayoría son de escasa entidad, sus profundidades varían desde la superficie a grandes profundidades, como el de Vega de Espinareda de 1981, que tuvo su hipocentro a 27 km de profundidad”.

PRESIÓN PRODUCIDA POR LOS FLUIDOS Y ELEVADAS TEMPERATURAS

La presencia de fracturas previas en la corteza terrestre durante la deformación Alpina no es suficiente para explicar los terremotos que se originan en esta zona de la península, alejada actualmente del borde de placas situado en las Béticas.

Según los científicos, el incremento de la resistencia de la corteza en zonas donde alcanza mayores espesores puede explicar la sismicidad si existen otros factores, como el aumento de la presión de poros producida por los fluidos que circulan por el interior terrestre, y los elevados gradientes térmicos que se producen a cierta profundidad.

Este fenómeno explicaría las importantes variaciones de sismicidad observadas que se producen a lo largo del extremo occidental de la Cordillera Cantábrica y los Montes Galaico-Leoneses, y que, -según explica Fernández Lozano-, “estarían relacionadas con un límite transicional en el que las condiciones de la corteza están a caballo entre el comportamiento frágil y dúctil de la roca, la llamada ‘Zona de Transición Frágil-Dúctil’”.

A lo largo de este límite, el comportamiento de la roca varía, y la sismicidad desaparece rápidamente. Sin embargo, “el aumento de la presión de los poros facilita la apertura de las fracturas y la eventual circulación de fluidos calientes responsables de reducir la resistencia a la rotura de la corteza, incrementando así la actividad sísmica y produciendo una notable reducción de la profundidad de la Zona de Transición Frágil-Dúctil”.

FORMACIÓN DE YACIMIENTOS MINERALES

El estudio tiene, además, implicaciones importantes para explicar la formación de yacimientos minerales de metales estratégicos como el oro, el wolframio y el estaño. Las fracturas de todo el noroeste actúan como válvulas que bombean los fluidos calientes hacia zonas someras de la corteza, donde precipitan estos elementos. El proceso se repite una y otra vez, cuando la presión de poros aumenta, los sectores de falla sellados vuelven a abrirse para permitir el paso de fluidos mineralizados.

Este proceso podría haberse producido de forma cíclica a lo largo del tiempo, por lo que yacimientos auríferos y de wolframio tan importantes como los situados en el noroeste peninsular podrían haber tenido un origen común. “Por tanto, -concluye Fernández Lozano-, con los nuevos terremotos se abre la posibilidad de que un nuevo yacimiento pueda estar formándose en la corteza terrestre. Así, yacimientos primarios tan importantes como los que han dado lugar a los secundarios de Las Médulas, podrían estar hoy en día en formación en todo el noroeste”.

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