Como ya sabemos, en el 3.021, Naturaleza, harta de que la presencia humana estuviera dilapidando su esencia, envió a los humanos a las profundidades de su hija Tierra. Así volvieron a lucir en todo su esplendor los árboles, las aguas que ahora estaban libres de plástico y venenos, los animales también campaban felices sin el miedo a ser cazados por el simple placer de ser trofeos para los humanos.

Dinosaurio, volvió a pasear campante por las orillas de su lago preferido, donde le gustaba retozar al sol. Conocía un lugar desde donde se podía escuchar la anegada entrega de los humanos allá abajo. Para que les pudiese entrar la luz del sol, de cuando en cuando, un enorme cráter se abría en la superficie terrestre. Él sabía que si se colocaba cerca del cráter, podía escuchar a los humanos en sus quehaceres, también salían notas musicales extraordinarias por el agujero gigante, pero aquella mañana, escuchó atento la voz de una mujer que recitaba con el alma.

Aguzó su oído: “Los matorrales cuelgan / por las laderas / en vertical. / En el camino / el aire y yo abrazamos el instante. / Nada más sublime que sentir la libertad. / Pisar el suelo descalza / despojada de ataduras / dejando atrás esa irrealidad / que me encadena / y me impide llegar hasta ti. / Luz entre las sombras de la noche “.

            La mujer no era otra que Pilar Vega, recitando el poema Resurrección de su libro “Aromas de naranjo”, después de que Néstor Rojas la presentara.

Luego una gran voz cantaba “Alfonsina y el mar” mientras tocaba el piano. Omar Alvarado y Pilar Vega, daban un recital de música, palabra, sentimiento, corazón, en el que se notaban las fibras de lo bueno y lo sentido.

Dinosaurio sintió flotar dentro de su enorme barriga, un revoloteo de paz, como si escuchando aquel recital, se le colocaran las escamas con el peine de la emoción.

El relato anterior, solo quiere abrir un gracias al rato amable, calmado y lleno de solaz, para todos los que hicieron posible la presentación del poemario de Pilar Vega, “Aromas de naranjo”. Léase Helena García Fraile, nuestra bibliotecaria. Néstor Rojas que nos explicó el poemario con esa palabra suya llena de acierto. Omar Alvarado que nos dejó conocer su preciosa voz y a la autora Pilar Vega, que llenó la sala con los aromas sutiles de las palabras dichas y escritas a corazón abierto.

Neuronada: Un buen refrito de neuronas tienen algunas personas que piensan, en el siglo XXI, que las mujeres, a veces, casi somos tan inteligentes como los hombres. Casi me da un patatús cuando lo escuché, pero solo…, casi.

Manuela Bodas Puente

Veguellina de Órbigo.

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