Si la semana pasada la lucha contra el cambio climático dejó un buen sabor de boca por la amplia actividad  en el municipio, no podemos decir lo mismo en el inicio de las fiestas de San Froilán y su característico mercado medieval.

En demasiadas ocasiones se ha criticado el uso de animales, el estado en que se encuentran, las largas horas de exposición y el dudoso lugar de descanso. Este año no hay camellos. Aún tenemos el recuerdo de lo ocurrido en el pasado.

Sin embargo, las aves rapaces, ocas, burros, continúan en unas calles atestadas por los puestos y la alta afluencia de gente. Desde el Consistorio, ante cualquier recriminación al respecto, se nos acusa de “humanizar a los animales”; mas no se tiene en cuenta la Ley de Bienestar Animal, su consecuente y obligado cumplimiento y que, cuando llega San Antón, se les da la bendición a los mismos seres que en estos días sufren.

No olvidemos que las aves rapaces necesitan su capuchón y que, algunas de las expuestas son nocturnas, trastocando por completo su horario natural. O que el burro es un animal en peligro de extinción y que debe estar en un entorno adecuado, no usado como animal de feria. Hay que tener en cuenta, que en festividades similares en otras poblaciones se han dejado de usar animales en cautividad e igualmente han sido de gran éxito para sus municipios.

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