Quien mueve el cuerpo bailando, mueve la ilusión, la conectividad, la energía que se reparte por todos los rincones de ese hogar que cada uno llevamos con la mayor dignidad posible, me refiero a nuestra propia persona. Nuestra propia persona es el hogar sagrado donde ocurre casi todo, y para que ese hogar esté en forma, hay que darle marchita de la buena. Poder cobijarnos en el baile, en la diversión sana que mueve los pulmones, el corazón, el cerebro, la empatía y tantas cosas más, es tener suerte, porque mientras escuchamos y nos movemos al ritmo de coreografías que con paciencia nos enseñan, nos volvemos ágiles para comprender mejor a los que nos acompañan y nos  entendemos mejor a nosotros mismos. Pues ahí va una historia verdadera o ficticia, cada cual la lleve a su terreno, para ponernos en forma con alegría, humor y movimiento.

—¿Verdad que hoy nos quedamos a clase de zumba mamá? Anda porfa, preparamos unos bocatas y nos quedamos en la piscina hasta la hora de la zumba.

—Pues mira no me parece mala idea. Hoy es mi día libre en el trabajo y me vendrá bien esparcirme nadando un rato. Como también hay ludoteca para que paséis la tarde, estará muy bien acabar el día bailando zumba.

Y ahí van en sus bicicletas hasta la piscina municipal de Veguellina de Órbigo, para pasar un día estupendo. Les reciben en taquilla Alba, Carlos y Marta para cobrarles la entrada y explicarles cualquier duda al respecto de la piscina y sus instalaciones. Luego, casi sin dejar colocadas las prendas en sus mochilas, se van rápido a ducharse y a chapuzarse en el agua, hace mucho calor y apetece mucho estar metiditos a remojo, aunque aún están dando los cursillos de natación y tienen que nadar en la zona que ya está señalizada para las personas que no hacen los cursillos. Después de tan buen chapuzón, los bocadillos son una delicia para sus cuerpos. Ya casi son las cuatro de la tarde, hora en la que Jenny González Moro comienza con la ludoteca cada día, de lunes a viernes en la piscina municipal. La madre agradece ese rato para ella, que disfrutará leyendo, mientras las muchachas, aprenderán con Jenny a realizar pulseras con gomas de colores, dibujarán y colorearán diferentes láminas, disfrutarán juegos diferentes y compartirán con muchas más personas de edades parecidas a llenar un buen rato de risas y aprendizajes.

Pero no acaba aquí este cuento, porque a las seis cuarenta y cinco, comienza en una de las zonas de la pradera de la piscina, todos los martes y jueves, la clase de zumba, totalmente gratis, con la entrada de la piscina. Y ahí está una pandilla de personitas y adultas, preparadas para comenzar a darle marchita al cuerpo y al alma. Jenny González Moro, llega con el altavoz, lo pone en marcha y… alejoh, la magia del movimiento con ritmo y alegría comienza a dejar muy buenas sensaciones en el aire. Jenny sabe enseñar con personalidad y paciencia, y no tardando, las risas aparecerán en los rostros sudorosos de los y las casi acróbatas. Una hora de ejercicios y estiramientos logra que vayan las malas vibraciones que a veces trae la vida cotidiana. Jenny ha conseguido con su buen hacer, dejar muy buen sabor de cuerpo y alma a los “zumbistas”.

Si os ha gustado el cuento, no dudéis en comprobar todo lo que he narrado.

Acobijamiento: Disfrutar, bailar. ¿Cuánto hace que en algunos lugares de la Tierra no se puede bailar, ni cantar, ni salir del refugio, porque la muerte es la dueña de cada palmo que pisan algunas personas, en sus países y pueblos?

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo