
Inspira, expira, / deja que las branquias / se te llenen de versos. / Inspira, expira, / porque a dos atmósferas / bajo el nivel del mar, / solo hay diez metros, / bajo la superficie líquida salada / ¿Quién me apretó, con su índice, / estos labios de sirena fluvial / que el Órbigo me regaló? / Fuiste tú Ventura / tú me los apretaste: ¡Ssssssssssssss! / Y luego, el silencio / tomó forma en tu voz. / Solo tu voz, aderezada de conchas, / de redes, de tripas, de peces, / de corales, de anémonas. / Solo tu voz, / aderezada con lenguaje de acantilado, / disolvió las respiraciones / en un viaje de retorno, / porque el sal(silencio)to no se efectuó. / La profundidad se tornó superficie / con sus sueños ácidos buscándose / entre los abrazos olvidados / Inspira, expira, / deja que la tarde / se llene de río. / Inspira, expira, / deja que tu voz nos hipnotice / con su aroma de agua. / Hay, entre las conchas recogidas / en el borde abisal de la soledad, / una hija-arena. / Te vestiste de arena / y el viento la desabrochó, / para lamer / tus escamas de peza asustada. / Una hija-arena / ha convertido a una madre-piedra / en estrella manca, / que no tuvo brazos para desearla. / En la bajamar / quedaron al descubierto, / las vísceras azules de las pateras / y el cuerpo inerme de la estrella manca. / ¡Sssssssssssssss! Pides silencio. / Entonces lo escuchamos, escuchamos / a un tren de mercancías desaprendidas, /que ralentiza su marcha para escucharte, / para llevarse en los vagones tus sílabas / sembradas en una tarde irrepetible. / Inspira, expira, / deja que el líquido de una voz, / te lleve a los límites del tiempo. / Inspiramos y expiramos, / tantas sílabas, tantos versos, / tantos alientos, / que fuimos uno en la hierba / y en el viento; en el cauce / y en los verbos que renacieron / en el Órbigo a orillas de la poesía. / Abrid las branquias, / desplegad escamas, / nos vamos al infinito / a dejar allí los verbos / del acantilado poético de Ventura. / ¿Quién te quitó la A, Ventura? / Quizás tú misma descolgaste de tu nombre / esa A, para que la aventura de vivir, / fuera más liviana, más leve, / más ligera de vuelo; / quizás, se la cediste al A-mor. / El líquido de tu voz / nos dejó los pulmones encharcados / de asombro y de admiración, / nos dejaste empapados de emoción. / Presentí a Calíope, convertida en sauce, / escuchándote embobada, / con sus ramas abatidas / por la intensidad de tus versos, / por la fuerza de esa presencia tuya, / inyectándonos pura vida en vena. / Y en ti, en ti, buena Ventura / percibí ese vahó que te enviábamos / petrificados desde nuestros asientos, / como una admiración recíproca, / para acabar todos juntos /
recogiendo tus sílabas en el acantilado de las horas más vivas.
El pasado viernes en la XVIII edición de “Poesía a Orillas del Órbigo”, hubo entre todos los asistentes y la autora, actriz, poeta, creadora e inspiradora Ventura Ruiz Gómez un clímax que convocó a la esencia de la palabra, para que posara su vuelo en las fibras de todos los presentes, incluidas las del sauce bajo el que se sentían los efluvios de cada uno convirtiéndose en poesía. Entre las personas asistentes y la propia Ventura, se creó un momento de fusión al que hidrató el Órbigo con su fluir de poeta eterno. Ventura nos pasmó, nos alicató a los asientos, nos hipnotizó con su verbo, con su verso y sobre todo con su forma de decir, con su lenguaje que rasga las palabras, las rompe, las disecciona para después darles cobijo en los ventrículos del alma.
Gracias a Ventura y también a todos los trabajadores que hacen posible el gran acontecimiento de la poesía cada viernes de julio en Veguellina de Órbigo. Gracias a Tomás Néstor Martínez Álvarez, creador de “Poesía a Orillas del Órbigo y gracias a Helena José García Fraile, nuestra bibliotecaria imparable.
Acobijamiento: ¿Cuándo podrán escuchar poesía en Gaza? Poder escuchar poesía en Gaza es una utopía que nos marcará a todos durante mucho tiempo, porque no se puede escuchar poesía mientras recoges las vísceras de la calma y la bondad de entre los escombros que han sepultado el futuro. Los escombros donde deberían estar enterrados todos horrores de los que es capaz el ser humano, pero en Gaza bajo los escombros, hay miedo, horror, desesperación, impotencia, muerte.
Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo





