
Mi aventura en el mundo de la fotografía comenzó en 2019, cuando decidí presentarme a una competición de culturismo natural con 50 años. Aquella decisión cambió mi vida. A raíz de esa experiencia conocí al fotógrafo extremeño Ramsés Guzmán, quien me propuso realizar una sesión fotográfica. Sin saberlo, aquel día marcó el inicio de un camino apasionante que continúa hasta hoy.
Desde entonces he ido aprendiendo en cada sesión todo lo que implica ser modelo de fotografía. No me cierro a ningún género; me considero una persona polifacética y disfruto explorando diferentes estilos. Sin embargo, si hay algo que me apasiona especialmente es la interpretación. Creo firmemente que una fotografía sin emoción ni interpretación pierde gran parte de su esencia. Para mí, una buena fotografía es aquella que provoca una reacción, ya sea positiva o negativa, porque significa que ha conseguido transmitir algo y conectar con quien la observa.
Hoy en día este mundo sigue siendo complicado, especialmente para una mujer de 56 años que vive en Extremadura. La logística no siempre es sencilla y disciplinas como el desnudo artístico tienen muy poca presencia en nuestra región. Aun así, sigo adelante porque la fotografía es una de mis grandes pasiones y porque nunca he dejado de luchar por mis sueños.
Siempre digo que los sueños no tienen fecha de caducidad. Empecé en este mundo cuando estaba a punto de cumplir 50 años y eso me convirtió en una firme defensora de la lucha contra el edadismo. La edad no debería ser un obstáculo para asumir nuevos retos, crecer personalmente o perseguir aquello que nos hace felices. Todos, tarde o temprano, llegaremos a mayores, y por eso creo que como sociedad debemos aprender a valorar más la experiencia, el esfuerzo y la ilusión de las personas independientemente de su edad.
Otra de las causas que forman parte de mi vida es la lucha contra el cáncer y la defensa de los derechos de las personas con discapacidad derivada de esta enfermedad. En 2020 perdí a mi hermana, que falleció a los 49 años a causa de un cáncer de ovario. Su pérdida marcó profundamente mi vida y reforzó mi compromiso de dar visibilidad a esta realidad. Por ello, intento concienciar sobre la importancia de apoyar a quienes padecen cáncer, defender sus derechos y colaborar con las asociaciones oficiales que trabajan cada día para mejorar su calidad de vida, impulsar la investigación y ofrecer apoyo a pacientes y familias. Porque el cáncer puede tocar a cualquiera y porque nadie debería afrontar esta enfermedad en soledad.
Mi deseo es que mis fotografías, incluidos mis trabajos de desnudo artístico, sirvan también para transmitir mensajes de libertad, aceptación y solidaridad. Si con mi imagen puedo inspirar a alguien a perseguir sus sueños, a romper barreras relacionadas con la edad, a defender los derechos de las personas afectadas por el cáncer o a colaborar en esta lucha, sentiré que todo este camino ha merecido la pena.
Actualmente también me dedico al entrenamiento personal, ayudando a otras personas a descubrir los beneficios del deporte y a enamorarse de un estilo de vida saludable. Para mí el deporte es salud, bienestar y superación. Por eso me declaro totalmente en contra del dopaje y de cualquier práctica que ponga en riesgo la salud en nombre del rendimiento deportivo.
Sigo aprendiendo, sigo creciendo y sigo soñando. Porque nunca es tarde para empezar algo nuevo y porque la pasión no entiende de edades.
Mi lema:
«La edad no limita los sueños; solo limita a quien deja de perseguirlos.»
Y también:
«Que mis fotografías sirvan para demostrar que la belleza no tiene edad, para dar visibilidad a los derechos de las personas afectadas por el cáncer y para recordar que juntos podemos luchar contra esta enfermedad.»








