
Demasiado pronto
Era demasiado pronto. Apenas tenía veintiséis años. Su vida estaba empezando. Era demasiado pronto para que la muerte se lo llevara.
Era demasiado pronto. Sus padres aún estaban ahí. Y su hermana mayor. Pero se fue. Una cruel enfermedad, es verdad que todas son crueles, acabó con su corta vida.
Es cruel, se dice, que unos padres tengan que ver morir a un hijo. Es muy triste. Y despiadado. Creo que no hay dolor como ese.
Pero este mundo no respeta los tratos que hacemos, ni las conveniencias que tratamos de imponerle. Él no atiende a nuestras leyes y solo cumple las suyas, esas que nunca acabamos de entender.
Pero era demasiado pronto. Era solo un niño que empezaba a vivir la vida, una vida dura, como casi todas, pero era su vida. Una vida rápida y veloz, con la fuerza y la vivacidad que solo él sabía imprimirle.
Y su muerte fue tan veloz como su vida.
No te preocupes, Marcos, tus padres y tu hermana seguirán recordándote siempre. Y tu yayo te está esperando allí, a donde tú vas.
Pero era demasiado pronto.
Ángel Lorenzana Alonso





