
No fui consciente de la salida de la carretera de mi coche. Ocurrió en décimas de segundo, en la curva que pasaba a diario, debía ir pensando en otra cosa, así pasan los accidentes, lo había escuchado veinte mil veces y nunca creí que me fuera a pasarme a mí, pero el automóvil derrapó y me fui a la cuneta, la cuneta es un decir, había un desnivel bastante considerable en ese tramo de la calzada.
Aterricé tumbada en la hierba, no me dolía nada y me dije: bueno, parece que no ha sido mucho. Me senté para levantarme, pero observé que en el muslo izquierdo había una herida de la cual brotaba sangre, no mucha eso es cierto, así que pensé que debía hacerme un torniquete para parar la hemorragia, pero la herida estaba muy alta, casi en la ingle, aquello no daba opción a torniquete, así que me tumbé otra vez en la hierba, intentando no moverme y pensar con calma qué podía hacer. Hice unas respiraciones profundas, como las que hacemos en clase de yoga y…
Después de un rato, noté su presencia. La muerte vestida de rojo, se estaba alimentando de los rubís de mi existencia. Me tomó las manos con mucha delicadeza. No había dolor, sólo una gran calma. No tengas miedo, estás en las mejores manos. ¿Lo oí, lo inventé en aquella somnolencia que me estaba poseyendo? Al cabo de un rato, algo la hizo soltarse de mí. Lo supe porque de pronto estaba en una ambulancia camino del hospital, con una vía por la que en mi cuerpo entraba sangre de algún donante solidario, que había dejado a buen recaudo mi vida introducida en aquella bolsa roja que me resucitó. Luego fueron más bolsas, me dijeron, porque hubo que operar y reponer la sangre perdida, la que se había llevado ella, la Dama vestida de rojo. Nunca sabré quienes fueron las personas a las que les debo mi nueva existencia, pero debo decir que con un gracias no me doy por satisfecha, así que a día de hoy, ya llevo algunas donaciones de sangre hechas para compensar mi renacimiento y para que otras personas en situaciones difíciles, puedan volver a nacer como yo.
Este relato podía ser tan real como la vida misma. Pero sobre todo quiere ser un agradecimiento a todas las personas que forman el equipo de trabajo en la donación de sangre y para todo el personal de la Hermandad de Donantes de Sangre de León, que hacen un trabajo inmenso dentro de la comunidad en la que todos deberíamos ser y estar. También vaya el agradecimiento para los delegados que la Hermandad de Donantes de Sangre de León, que en Veguellina de Órbigo es D. Ignacio Castañosa Pellicena.
Acobijamiento:En Gaza necesitan alimento, y sangre para sanar las heridas, también necesitan suministros de solidaridad en vez de suministros de muerte. No quisiera estar ahora en Gaza, sin comida, sin medicamentos, sin médicos, sin agua, sin la enorme empatía y solidaridad que muestran cada una de la personas que se acercan cada día a llenar de vida una bolsa roja que lleva la existencia en ella.
Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.





