Pertenecer al club de lectura “Río Órbigo” ha sido, es y será un cobijo perfecto. Si leer ya es un cobijo extraordinario para aprender, respirar otras vidas, hacer viajes en mundos paralelos que nos enseñan mucho más de lo que imaginábamos y nos dan calma y aprendizaje, pertenecer a un club de lectura, es tener todas esas sensaciones multiplicadas por toda la imaginería, la pulsión, la panorámica, el recorrido, la sensibilidad, que da cada uno de los miembros del club. Un mismo libro se convierte en tantas aventuras, aprendizajes y visiones distintas como miembros formen el club. La vida de un mismo libro en un club de lectura se multiplica y crea nuevos universos, que al vocalizarlos, al expresarlos, al explicarlos, convierten al libro en nuevos y distintos pasajes. Para un mismo libro, existen tantas rutas distintas como personas hayan leído esa misma obra.

Cuántas veces me he sorprendido con las deducciones de los compañeros, porque la ilustración del libro en cuestión que está exponiendo, se me había pasado por alto. Vamos, que si leer un libro ya da una amplitud de miras y convierte el tiempo de lectura en una aventura que sólo tu diriges y digieres, multiplicando eso por cada participante del club de lectura, todo se magnifica. Es muy enriquecedor leer en conjunto porque hay cosas que nos has entendido bien, y entre todos, las dudas se esclarecen. Leer también se podría definir como un acto de creatividad, me explico, la persona que ha escrito el libro, crea su aventura y la muestra, pero es el lector el que da la última forma a esa aventura. Es cada lector el que cierra el círculo ayudando al escritor a perpetuar y a hacer flexible su literatura.

Mientras lee, la persona que lee, está creando y convirtiendo en suyas las palabras de la persona que las ha escrito y le da al texto sus propia verbalidad.

Tengo en mis manos, a punto de llegar al final, la novela “Olor de Colonia” de Sílvia Alcàntara. Recomiendo su lectura. Y a Helena García Fraile, le agradezco su entrega en el club de lectura. En esta última propuesta nos ha conminado a un juego que a mí me ha encantado: cita a ciegas con un libro. Acudí a la biblioteca expectante, y allí estaba Helena colocando todos los libros que había empaquetado delicadamente para la ocasión. El juego consiste en coger un libro de los que están en el montón y luego leerlo. El envoltorio del libro, incluye una leyenda con un pequeño esquema o párrafo del libro para que sepas si lo has leído o no. Muy trabajado todo, muchas gracias Helena. He de decir que esta cita a ciegas para mí, ha sido estupenda desde el minuto uno, cuando eliges sin saber y luego el novio, digo el libro te sale requetebueno, la vida te sonríe. ¡Gracias Helena!

Acobijamiento:Como he dicho un club de lectura, una biblioteca, un libro, me parecen grandes cobijos donde resguardarse de tanta lluvia, de tanta desolación como hay en Gaza, de tanto frío como tienen en Ucrania, y no me refiero al frío del invierno, sino al frío de las almas.

       Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo