Hoy, cuando pasé a regarle unas macetas a mi vecina de enfrente, se me arremolinaron muchos recuerdos pasados juntas. Compartimos vecindad durante cuarenta años, y ambas teníamos la llave de la casa de cada una. Pina fue para mí un ejemplo de tesón, trabajo, aguante, capacidad, esfuerzo, paciencia, amistad, cariño. Pina fue cobijo, nos quisimos, lo digo en pasado, porque ella hace poco que tomó el camino de la otra dimensión. Pina fue cobijo para mí, y viceversa. Fueron tiempos buenos, aunque también estuvieron presentes las pequeñas tragedias de la rutina, en las que nos apoyábamos mutuamente y nos regalábamos un buen café para sacudirnos el mal viento que acompaña a las peores rachas en la vida.

La existencia me regaló una vecina de enfrente, que me enseñó mucho de las cosas y de las personas. Era maestra en el arte de hacer que cada día fuese un buen día, porque afrontaba cada día con ganas, dándolo todo. Se ganó la vida a base de ser mujer de limpieza, madre a tiempo completo, no tenía pereza de hacer un bizcocho – mmm que ricos le salían – ni de cocinar con todo el cariño del mundo, por eso le quedaba todo tan rico. No le tenía miedo al trabajo, ¿cuántas colchas de ganchillo elaboró? ¿Cuántos cacharros manejó trabajando en un restaurante del pueblo?

Pina, una mujer valiente y decidida que tuvo que enfrentarse ella sola a circunstancias muy adversas, pero afrontó sus responsabilidades con mucha fuerza y consiguió sacar adelante a sus hijos. Esa mujer, fue durante cuarenta años mi vecina de enfrente.

Recuerdo con mucho cariño sus refranes: “Arrieros somos y en el camino hemos de encontrarnos”. Nos reíamos con este refrán, cuando rememorábamos ambas de dónde habíamos venido, y de cómo alguna de las personas que conocíamos, se creía más que los demás y no sabían hacer una o con un canuto. Todo esto regado con un café y un trozo de aquel delicioso bizcocho que siempre tenía a punto. Muchas gracias por todo, vecina.

Acobijamiento: “No hay mejor hermano que el vecino más cercano”. Este otro refrán que Pina me enseñó. Es, o mejor dicho era, un refrán muy cierto, porque hoy cuesta encontrar buenos vecinos. Si este refrán y la enorme complicidad que Pina y yo tuvimos, se pudieran extrapolar a las ciudades, a los países, y a las fronteras, quizás no existieran algunos de los mandatarios que están poniendo en peligro el planeta y la humanidad. ¡Ah! ¿Qué exagero? Ojalá, pero según va el rumbo de los últimos acontecimientos y la tortícolis que nos va a entrar de tanto mirar hacia otro lado, puede que vayamos derechitos y sin remedio hacia el final.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.