
La muñeca de Orynko / se llevó las manos a la cabeza. / Su querida amiga yacía en el suelo / después del estruendo. / Orynko pensó que su pequeña / había dejado de existir, / ella también quería dejar de existir, / pero como era de plástico, / su vida sería muy larga. / ¿Qué haría ella ahora sin Orynko? / ¡Maldita invasión, malditas armas! / ¡Maldita invasión, malditas armas! / ¡Maldita invasión, malditas armas! / Entonces notó cómo se le desprendía / su brazo derecho, que fue a caer / sobre Orynko. La niña abrió los ojos / y cogió tiernamente a su muñeca. / ¡La niña abrió los ojos, abrió los ojos! / Las dos juntas sonrieron. / ¿Y tu otro brazo? Se me ha roto. / Las dos juntas lagrimaron / ¡Maldita invasión, malditas armas! / ¡Maldita invasión, malditas armas! / ¡Maldita invasión, malditas armas! / No perdamos tiempo Orynko, / tenemos que irnos al refugio. / Orynko algo aturdida y amoratada, / tomó en brazos a su muñeca / tenían que resguardarse / en la boca de metro cercana. / ¡Cuánto me duele tu brazo perdido! / Me duele como cuando / perdí la casa y a madre. / ¡Maldita invasión, malditas armas! / ¡Maldita invasión, malditas armas! / ¡Maldita invasión, malditas armas! / No, no tenemos que ahondar / en esta horrible hecatombe. / Me acuerdo cuando tu madre me encontró, / bajo los escombros de mi primer hogar. / Me guardó bajo su jersey. / Te traigo un precioso regalo; / la miraste con tanta tristeza, / que se me partió el corazón, / -que sí, ya te lo he dicho / yo también tengo corazón- / Me abrazaste llenándome de latido / todo el plástico y un pellizco de alegría / nos unió como si nos hubieran fabricado / para hacernos el bien. El bien. / Para cobijarnos la una en la otra / Para hacernos el bien. / ¡Qué venga el bien a rescatarnos! / ¡Qué venga el bien a rescatarnos! / ¡Qué venga el bien a rescatarnos!
Ucrania sigue soportando una invasión terrible que ya dura casi cuatro años. Inimaginable que estés tranquilamente en tu casa y de buenas a primeras vengan a echarte y a matar tu ilusión, tu futuro, tu vida. Ahora, que el frío arrecia, una no se imagina cómo soportan la existencia muchas personas. Los niños, las madres de los niños, los soldados en la intemperie cruda de ese campo blanco y helado que ciega la vista, que hiela el alma, que tiñe de rojo el manto de cristales que no entiende porqué no están en ese campo los que idearon la invasión. Los jóvenes soldados, de ambas partes, que nunca volverán a ser los mismos, aunque salven su vida, porque obedecer órdenes para matar al otro, que ni conoces, ni te ha hecho nada, tiene que dejar cicatrices profundas.
Acobijamiento: Este escrito quiere ser una plegaria para que en Ucrania se cierre la muerte. Para que pueda la vida, para que llegue la paz.
Manuela Bodas Puente –Veguellina de Órbigo.




