Soñó con aquella máquina que vomitaba vapor hacia las nubes. Le encandiló el latido del tren, que él también sentía al unísono de su corazón cuando, de la mano de su hermana, vieron pasar aquel tren enorme que transportaba troncos de madera en sus vagones. La escena del tren le quedaría grabada para siempre en sus sueños de niño. Tanto que le hizo un poema: Tengo un bello tren / con los vagones / hechos de papel, / las ruedas de paja, / los raíles de miel / que coge a los niños / de siete a diez, / que lleva palabras / y letras también / para hacer cuentos / de rana y de pez / que sube los grillos / cabeza de nuez, / motor y silbato / marchando a la vez. / Gustoso humo dan / la rosa y el clavel / que llena de aroma / el ambiente y el tren. / En el vagón lleva / dentro de un tonel / caramelos, higos, / pipas de laurel, / patatas, helados, / dulces, yo que sé. / Subiendo las cuestas / no marcha bien / y cuando las baja / se pone a cien. / Consume la risa, / esa risa a granel / de niños que viajan / o esperan por él. 

La luz de la habitación seguía encendida a altas horas de la madrugada. El hombre escribía con ganas. Estaba en una de esas épocas en las que las palabras le salían al papel como si fueran viento que se depositaba teñido de negro en el folio. Los pequeños escarabajos de tan distintas formas, iban conformando páginas llenas de sentimiento. El folio era el cobijo donde se escondía para coger fuerzas y seguir con la desoladora rutina de aquella enfermedad que estaba vaciando a su madre. Y entre vigilias, ensueños y sueños, Manuel Sarmiento seguía escribiendo, y en su bello poema “Carta a los Reyes Majos”, nos dice: Mis queridos Reyes Majos: / os pido la libertad, / la fe, el amor, la paz / y una ilusión del carajo / para afrontar a destajo / esa dura realidad / de este mundo tan voraz / que apenas sostiene el cuajo, / por tal empeño en el tajo, / no existe cosa capas / de dar brillo a la bondad / aunque tengas estropajo. / Al sonido de un badajo, / cubre el error sin piedad / de los gusanos de abajo. / Puedes ser alto o bajo, / esta es la pura verdad, / nunca estás en la mitad, / por encima o por debajo. / Lo mío, no es el trabajo, / es cierta incapacidad / que se asocia con la edad / y te vuelve un cascajo. / Mis queridos Reyes Majos: / esos regalos dejad. / urge necesidad / que somos unos pingajos.

El pasado viernes 5 de diciembre, pasamos un rato muy amable, enriquecedor y entrañable de la mano del autor de estos poemas, que nos contó cómo se inspira y cómo en esa necesidad de escribir encuentra el mejor de los cobijos. Le acompañaban en la presentación de su poemario “Entre Sueños y Poemas”, una de sus hermanas, también Irene, integrante del club de lectura “Río Órbigo” y Helena Jose García Fraile, nuestra querida bibliotecaria. Hubo una hermosa comunión entre el público y el autor. Es muy de agradecer que haya actos así, hacen falta y mitigan el ruido exterior que nos altera. Además nos deleitaron con café y pastas, vamos una tarde pasada por la gracia de las palabras y el azúcar de los sentimientos. Así entra la poesía en vena. Gracias Manuel Sarmiento.

Acobijamiento: No me puedo olvidar de Gaza y toda la sangre que sigue empapando ese territorio replegado en el dolor. Digo Ucrania y el frío cubre de angustia todo el mapa. Digo… que se me asustan las palabras y se me encogen los verbos con tanta sin razón.

Manuela Bodas Puente –Veguellina de Órbigo.