
Lolirías de la edad I – Sofocos: Olas lamiendo la cintura, el cuello, / el aliento. Descarga de chuzos rotos/ en el alma, que no quiere alborotos. / Una brasa te deja sin resuello./Has pagado arancel mujer, por ello. / Por ser mujer, tus meses están rotos / por las reglas, que como viejoslotos, / encomiendan sus pétalos al huello, / por donde transcurren sendos sofocos. / Luego ya eres menopausia y el hilo / del reúma zurce tantos días locos… / Ahora la rutina, ya está en el filo / del último inicio. Ya eres sofocos, / luna, sol, verdad, amor, flor de tilo.
El soneto arriba dibujado, fue mi lectura en una preciosa conjunción de letras y versos al que nos invocó Ana Rico, para el día de la Mujer y Poesía en la estatua-busto erigida en León en el parque Santos Ovejero, de Clara Campoamor. Allí estuvimos dedicándole a ella, a Clara Campoamor y dedicándonos a nosotros la alegría y el sentimiento de estar juntos para proclamar la poesía a todos los vientos. Y fue muy reconfortante comprobar que había un gran número de hombres proyectando sus versos hacia la vida, hacia la mujer, hacia la persona que cada uno llevamos dentro sin importar el género, ni la edad, ni el color, ni la cultura en la que cada uno va dejando sus pasos. La poesía, mirada en retrospectiva, es un camino paralelo a nosotras por el que podemos pasear desbrozando las hierbas que nos amargan, o por donde paseamos todas las locuras que necesitamos para seguir en las rutinas nuestras de cada día.
Agradezco a Ana Rico esta preciosa iniciativa y a todos los participantes el aprendizaje y el buen rato compartido en un entorno que se presta a la meditación y a la fuerza que tiene la poesía sobre las neuronas y el corazón.
Quiero compartir con vosotros, una reseña que Ana Rico nos pedía a cada participarte, la mía es esta: Desde muy pronto acudo a la poesía para cobijarme y para calentar los días destemplados de la vida. En la poesía me reencuentro y encuentro a los otros. La poesía es una ola que recicla adversidades.
Lamiguería:El exterminio en Gaza continúa. Las amapolas de la esperanza, tienen sus pétalos bajo los escombros. Cualquier día, en vez de llover café en el campo, como quería Juan Luís Guerra, van a llover los huesos molidos de tantos infantes muertos sin haber tenido tiempo para aprender a pronunciar la palabra PAZ.
Manuela Bodas Puente –Veguellina de Órbigo.





