El viento del norte vino y se los llevó. Los pellizcos de nieve se crisparon en el aire, dieron vueltas sobre sí mismos, revolotearon mientras el viento los dejó. Su blancura brillaba bajo el sol de la tarde mientras los pájaros trataban de atraparlos.

Y tú, mientras tanto, corrías en medio de un mar blanco que te invitaba a llenarte de su frescura. Y el viento del norte te acompañaba, te seguía envuelto en tu pelo, mezclaba tus susurros con mis gritos de advertencia para que la nieve no dañara tu sonrisa. Esa sonrisa tuya que brilla mientras me mira, que deja escapar suspiros mientras busca y encuentra mis ojos que te siguen mientras los copos de nieve te rodean y tiñen tu pelo de blanco y de rojo tu cara.

Y tú me sigues mirando. Y el viento del norte te recuerda que se acaba el invierno, que su belleza se irá pero pronto volverá de nuevo. Quiere despedirse de ti, recordarte que ya todo se ha ido, que ha barrido las hojas secas y que la pronta primavera te llenará de vida, de fe, de nuevas ilusiones.

El viento del norte es tu amigo. El viento del norte nunca te traiciona. Viene de los verdes valles y de las blancas cimas de las montañas. Trae recuerdos del vuelo de las águilas y del trotar de los ciervos rojos, de los gruñidos de los osos, del castañueleo de los urogallos y del ulular de los lobos. El viento del norte viene cargado de los ecos de los desfiladeros y de la suave dulzura de las voces de las rocas y de la nieve.

Pronto vendrá la primavera. Ya asoma en tus ojos. Tus ojos siempre están vestidos de brotes de primavera. La nieve se irá alejando después de barrer los valles y limpiar el aire. El invierno recogerá sus frías alas y sus afiladas garras se retirarán dejando paso a la luz y a tu sonrisa. Pronto cantarán los mirlos y los jilgueros revolotearán tu ventana. Y el viento del norte volverá a acariciar tu cara y se enredará en tu pelo y te traerá leyendas de besos escondidos.

Y ya no será tan frío.

Ángel Lorenzana Alonso