Al acercarse la fecha en la que cumplirá 42 años como catedrático de la Universidad de León, Arvizu recuerda con buen humor anécdotas de su larga trayectoria.

Fernando de Arvizu y Galarraga, profesor emérito de la Universidad de León (ULE), ha alcanzado los 50 años de dedicación a la Historia del Derecho, 44 como catedrático, 47 como Doctor y el próximo mes de diciembre alcanzará los 42 como catedrático en León, desde que terminó su Licenciatura en Derecho en la Universidad de Navarra, su tierra natal, en octubre de 1972, casi al mismo tiempo que su servicio militar.

En noviembre de ese año fue nombrado Ayudante de clases prácticas de Historia del Derecho, bajo la dirección del profesor Ismael Sánchez Bella, catedrático de la asignatura en dicha Universidad. En 1975 defendió su primera tesis doctoral sobre los testamentos en la Alta Edad Media, y comenzó inmediatamente la preparación de sus oposiciones a un cuerpo que la LRU extinguió: el de Profesores Agregados de Universidad, oposición que según explica “era idéntica y del mismo nivel que la de los catedráticos”. Fue en esta etapa cuando recuerda que conoció al profesor Alfonso García-Gallo, Doctor Honoris Causa que fue por la ULE en 1982, “que se encargó de dirigir su formación, como hizo con tres generaciones de catedráticos de la asignatura”.

En marzo de 1978, con el número 1 en las oposiciones, fue nombrado Profesor Agregado en la Universidad de Santiago de Compostela, pero solamente permaneció allí el resto de ese curso y el siguiente porque, tal y como relata, “se trasladó por concurso a la de Oviedo, con cuyo catedrático, el profesor Ignacio de la Concha, siempre tuve una excelente relación de amistad. Allí permanecí un curso más, y en noviembre de 1980 accedí por concurso a la cátedra de la asignatura en León”.

UN PROFESOR CON UNA LARGA Y ‘AMENA’ TRAYECTORIA EN LA ULE

Arvizu ya no se moverá de León desde 1978, en donde se sitúan cuarenta y dos años de fecunda docencia y la mayor parte de su producción científica. Suele decir Arvizu que todos los licenciados en Derecho con menos de 60 años han sido alumnos suyos. “Con cierta frecuencia, cuando voy por la calle, -comenta-, se me acerca alguien que me dice, a modo de saludo: ‘Don Fernando, yo fui alumno (o alumna) suya en el curso tal o cual. Lo pasábamos muy bien en sus clases, siempre contaba historias antiguas’. Esto es lo más común, pero no falta quien dice: No recuerdo nada de lo que nos decía, pero sí que sus clases eran muy amenas”. El viejo profesor sonríe y concluye que “la amenidad es una cualidad muy buena para un profesor”.

En la actualidad Fernando de Arvizu es Profesor Emérito de la ULE, nombramiento limitado a dos años, en los que dice “no haber notado diferencia en su trabajo respecto a cuando estaba en servicio activo”. El próximo 1 de septiembre pasará a la condición de ‘Emérito de Honor’, y prestará colaboraciones de forma más esporádica.

En el capítulo de anécdotas recuerda especialmente “la subyugante docencia del profesor Sánchez Bella, quien me captó para la Historia del Derecho; la ciencia inagotable del profesor García-Gallo cuando iba a verle a Madrid.

Y también cómo disfrutaba desde que, siendo ya Doctor Honoris Causa, venía a León a dar clase: aquél fue un nombramiento no sólo de honor, sino también de efectivo compromiso. Le encantaba nuestra gastronomía, y entre comida y comida, se hablaba de Historia del Derecho, nada más”. Recuerda también con nostalgia las conversaciones con Ignacio de la Concha en la Universidad de Oviedo, “su amor por su Universidad y el dominio que ejercía sobre cualquier situación que se diese en el claustro que presidía la estatua del inquisidor Valdés Salas, fundador de dicha institución”.

Otro de sus mejores recuerdos está vinculado a su discurso de ingreso en la Academia Nacional de la Historia de Argentina, que versó sobre dicho país en el centenario de su fundación (1910) en base a la obra literaria de José María Salaverría, escritor de la Generación del 98 y tío-abuelo suyo. En esta línea, ha tenido la alegría de ver coronada su carrera de jurista con el nombramiento de Académico de Honor de nuestra Real de Jurisprudencia y Legislación.

RECUERDOS DE ‘FUMAR EN PIPA’ Y DE SU PASO POR LA POLÍTICA

Fernando de Arvizu apunta que ha colaborado desinteresadamente durante largos años con algunas instituciones del ejército del Aire, como la Academia Básica de León y el Colegio Mayor Barberán de Madrid, impartiendo conferencias y seminarios, por los que ha sido condecorado hasta el grado de Gran Cruz del Mérito Aeronáutico.

Otra de las vicisitudes que gusta de recordar fue la investigación sobre el conflicto hispano-francés de los Alduides. Una parte de ella tuvo lugar en un pueblo del país vascofrancés. Para aprovechar el tiempo, y como el ayuntamiento cerraba entre las 12 y las 2, le autorizaron a quedar encerrado con los documentos en una buhardilla. Entonces Arvizu fumaba en pipa, y lo hizo durante aquellas jornadas. Hoy, él y cualquiera, se echaría las manos a la cabeza: ¡fumar en un archivo!, inconcebible; pero entonces la cosa no tenía nada de particular. En 1990 obtendría con dicha investigación un segundo doctorado en Derecho, esta vez por la universidad francesa de Toulouse. Además, su trabajo fue condecorado por los gobiernos español y francés por su trascendencia práctica. Es por eso que sobre su traje académico lleva siempre la ‘epitoga’ o distintivo de los doctores de Francia.

En lo referido a su actividad política, Arvizu siempre la ha considerado “como un servicio añadido a su actividad universitaria”, y dice que cuando fue senador (1999-2002) siguió dando gratuitamente todas las clases que pudo en su Facultad leonesa. Del Senado guarda muy buen recuerdo. Se marchó de allí a petición del entonces ministro y expresidente autonómico Juan José Lucas, pero dice que “de aquello no quiero hablar”. Sí que habla de su etapa de procurador autonómico, y recuerda el “poco miedo que tenía a la oposición parlamentaria cuando subía a la tribuna”, y los momentos intensos que se montaban con ello en el hemiciclo de Fuensaldaña. En 2007 cesó como procurador (lo era desde 1993) y la etapa política quedó cerrada.

Fernando de Arvizu no es partidario de mirar atrás con frecuencia y dice que “eso es como si no quedara ya vida por delante”, y él afirma que tiene “energía y proyectos de futuro, aunque añade que el tiempo tendrá la última palabra”.