Como un bulto que se mueve / en el firmamento roto / de la esperanza, / avanzas respirando / tu propia oscuridad. / Vas pisando en las aceras / el rastro humillado / de las huellas invisibles / de  tantas mujeres / con sus alas cercenadas / por el hierro candente / de la invisibilidad / Pisadas, que van a dar  / a la tierra seca del olvido. / En nombre  de un dios de conveniencia  / te han tirado nuevamente, / al vacío. Te secarás en vida. / Vuelves a ser un bulto enredado / en el miedo. Viajas otra vez, / al inframundo de la sangre envenenada. / Eres la imagen de un bulto / avanzando sigilosamente. / Que no se den cuenta de tu presencia. / Un bulto se cruza con otro bulto / en las calles de la desesperación, / debajo de los barrotes del burka, / solo queda la mirada descompuesta, / el hilo de angustia que une las manos / vacías de consuelo.  / Acaricias tu vientre con desesperación, / solo le pides a la vida, / que en tu seno no habite otra mujer.

El poema que da entrada a este escrito, quiere ser una voz, una mirada libre y abierta al apoyo de tantas mujeres que están volviendo a ser silenciadas y recluidas en las catacumbas de la igualdad. Una canción en contra de la opresión que sufren las mujeres en Afganistán y en tantos otros países donde la guerra y los poderes dictatoriales, quieren devolverlas, devolvernos al inframundo.

Cuando en el 3022, los alumnos tengan que estudiar la historia de los humanos en el milenio anterior, quedarán desconcertados. En la actualidad, las guerras siguen dejando una estela de agujeros negros en la humanidad. Agujeros negros que dejan heridas infinitas por donde supurar odio. Agujeros negros en los que quedan atrapados los niños y las mujeres, como moneda de cambio y de derrota. Es cierto que la ciencia ha conseguido milagros extraordinarios, pero el hombre sigue teniendo el instinto de posesión tan marcado, que no le deja abrirse a un futuro mejor. Abrir el atlas ahora es recorrer con escalofríos unos cuantos puntos calientes debidos al desastre humanitario, es ver ríos de sangre en países donde se destruye el orden natural de la vida. Naturaleza está ahora castigada como nunca, pero no somos capaces de darle una oportunidad a la madre Tierra ni a nosotros mismos.

Neuronada: Puede que el cerebro nos haya hecho inteligentes, pero inteligencia sin amor al prójimo, nos deja desnudos ante la lacra del ego.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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