Aún no estoy triste / porque tus ondas de vida, / persisten, /siguen aquí conmigo. / Sigo teniendo en mi retina / la belleza de tus ojazos negros, / por los que te llegaban / imágenes, que más tarde, / a través de tus pinceles / y de la magia de tu arte, / nos llenarían el corazón. / Aún no estoy triste, / sigo palpando la bondad / de tu presencia, / la luz de tus imágenes, / el mensaje que siempre escondían / tus manos a la hora de decir, / de expresar, / a través de la pintura, / preguntas desnudas. / Tu eres filósofa, poeta, / mujer, persona llena, / siempre con la sonrisa puesta. / Tu eres humilde, / vestida de inteligencia, / solo hay que ver el legado / de tus obras, abiertas en canal, / mostrando las vísceras / de lo que no se ve a la primera. / Tu obra, perfecta sintonía, / y sinfonía de creatividad, / con un lenguaje directo al hilo / que mueve el vértigo. / Aún no estoy triste / porque tus ondas de vida / persisten, / siguen aquí conmigo. /  ¿Pero qué será de nuestro recorrido, / cuando tu ausencia / se vuelva destino cruel? / Hazme un favor Eva, / no nos olvides.

Remigio leyó el poema en el salón de la residencia, el mismo salón donde Eva del Riego Villazala tuvo colgada en sus paredes, una exposición de su obra de arte. Cuando Remigio terminó de leer, Rosa se dirigió a todos los residentes, que se habían reunido para mostrar su respeto y cariño a aquella muchacha que estuvo varias tardes con todos ellos y les llenó el corazón de alegría.

-Para mostrar nuestra tristeza por la pérdida de esta querida amiga nuestra, deberíamos rendirle el mejor de los homenajes, rememorar su risa llena de vitalidad y humildad. ¿Recordáis?, lo recordáis, si, como no, ¿cómo se dejaba embaucar con la inteligencia de buena persona que tenía, cuando alguno de nosotros quería hacerla creer que no entendía alguno de sus extraordinarios cuadros? Luego acabábamos a carcajada limpia. Qué tardes tan extraordinarias pasamos dialogando sobre su obra.

Mordida existencial: Hoy, aún no estoy muy triste, porque aún estoy digiriendo tu ausencia, querida Eva del Riego Villazala. Esta mordida quiere ser una sonrisa llena de tu belleza como persona. Ahora ya comienzo a sentirme triste, me doy cuenta de que las mordidas que vendrán, serán de recuerdos, no de carne y hueso. Pero tu obra, la estela de tu gran devoción por lo que hacías y la entrega de tu amor por lo que querías, serán las ondas que persistan en nuestras venas. Hazme un favor Eva, no nos olvides.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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