El proyecto se lleva a cabo en León por Natalia Martínez Reyes, que realiza un doctorado de Ingeniería de Biosistemas en la ULE, realizó en julio experimentos en parcelas de El Páramo

El proyecto de Natalia Martínez Reyes titulado ‘Biocontrol de plagas en cultivos ecológicos de León’ fue uno de los seleccionados por las Becas Ralbar, que hay que recordar que es una iniciativa de la Universidad de León (ULE) y la Fundación Banco Sabadell para impulsar el emprendimiento y la dinamización territorial en el ámbito rural de León. Las tareas se desarrollaron el pasado mes de julio con la colaboración de la Asociación de Agricultores y Ganaderos Ecológicos de León (AGRELE), y los resultados obtenidos, además de dar a conocer en la zona las investigaciones que se están llevando a cabo, han conseguido cierta mejora en la tasa de germinación, que sin duda va a contribuir a la producción de judías de calidad.

Natalia Martínez explica que los experimentos “consistieron en un nuevo tratamiento para las semillas de judía, con el objetivo de mejorar la germinación, la salud de la planta y en última instancia la producción”. Con dicho propósito, “se procedió a recubrir las semillas con esporas de cepas autóctonas del hongo Trichoderma spp. que han demostrado una destacable capacidad de control biológico en las pruebas in vitro en nuestro laboratorio”.

La joven apunta que el grupo de la ULE lleva tiempo “estudiando la aplicación de Trichoderma para combatir plagas y enfermedades en diferentes cultivos de relevancia en León como la judía, el lúpulo y la viña”, y añade que la investigación se engloba en un proyecto de la Junta de Castilla y León denominado: ‘Aplicación de cepas de Trichoderma en la producción sostenible de judía de calidad’.

CHARLA DIVULGATIVA EN VALDEFUENTES DEL PÁRAMO

Además de los experimentos prácticos, el proyecto tuvo una parte divulgativa que consistió en una charla impartida por Natalia Martínez en la localidad de Valdefuentes del Páramo, que se desarrolló con notable éxito. “Pensábamos que la audiencia sería mínima, -comenta la investigadora-, pero el salón se llenó y aún quedó gente de pie al final de la sala. Gabriel Alegre, mi tutor por parte de AGRELE, hizo una bonita presentación, destacando su gratitud a la ULE y la Fundación Banco Sabadell por esta beca para colaborar con una persona de la zona del Páramo como yo para llevar a cabo una iniciativa que promueve la evolución de la agricultura hacia un modelo más sostenible”.

La charla mostró cómo el grupo de investigación de la ULE aborda los problemas de los cultivos de relevancia en la zona, la importancia del cultivo de la judía en León (que es la provincia con mayor producción en España), destacando la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Alubia de La Bañeza-León, su relevancia en nutrición, qué es el biocontrol de enfermedades y plagas, y cómo es el proceso de investigación desde el laboratorio al campo.

 

CONTRIBUCIÓN DE LOS ESTUDIANTES AL DESARROLLO RURAL

En el momento de hacer balance, Natalia Martínez explica que realizar el experimento en el Páramo, “fue muy ilusionante, porque conectaron dos mundos: por un lado, la tierra donde me crie, el trabajo de mi padre y mi pueblo, y por otro la investigación que realizamos en el laboratorio, a la que me he dedicado profesionalmente desde que salí de allí”.

“Paso a paso, y gracias a experimentos como este, -añade la investigadora-, avanzamos en la búsqueda de alternativas sostenibles para el control de plagas y enfermedades. Por parte de la gente del Páramo, dados los resultados, creo que la parte de divulgación del proyecto fue una muy buena idea y que aportó mucha ciencia e ideas interesantes de una manera accesible. No es lo mismo tener que desplazarte a la ciudad para asistir a una charla, o tener que buscar la información en plataformas online, a que te la dediquen a ti en tu pueblo”. Es por estos motivos por los que Natalia insiste en que “tomar acciones para que la información sea más accesible significa que la gente del entorno rural realmente nos importa”.

“El programa Ralbar, -continúa explicando-, me ha ayudado a ver más conexiones entre el mundo rural y la formación universitaria, y a entender mejor qué necesidades tenemos que cubrir. También me ha abierto las puertas a seguir colaborando con AGRELE en el futuro para promover la agricultura sostenible”.

Finalmente, y a modo de conclusión, Natalia Martínez resume su opinión sobre las becas del Programa Ralbar en una frase: “Creo que es una gran oportunidad para que los estudiantes podamos contribuir al desarrollo rural”.

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