Francisco Iglesias Carreño 

Del Instituto de Estudios Zamoranos Florián D’Ocampo

 

Parece que, en atención a los datos,  dentro de la urbe amurallada de la ciudad leonesa de Zamora, a data de la fecha del día 15-8-1171, dió a luz la Reina consorte de la Corona Leonesa Doña Urraca de Portugal esposa de Fernando II de León.

 

 Doña Urraca de Portugal ostentó el nombre de su tía la Reina de León Urraca I (primera mujer hispánica reinante), de su tía carnal Urraca Henriquez  y de su tía abuela Doña Urraca de Zamora ( la defensora de la Corona Leonesa en 1072 y del Caliz/Grial).

 

Al infante leonés, originario zamorano, que fué bautizado en la catedral de Zamora (erigida en decisiones de su abuelo el Emperador Alfonso VII  y donde su otro abuelo Alfonso Henriques fue armado caballero) se le impuso, en coincidencia nominativa de sus dos abuelos, por nombre Alfonso.

 

A veces no se hace incidencia, con la importancia debida y precisa, en lo que en sí mismo y por su propio genuino aporte, tan significante y hasta de mayestático acontecer, supone el nacimiento del Infante Leonés Alfonso en Zamora, y por esa falta de rigor originario, en lo que entendemos como precisión necesaria, se abunda en otras acciones posteriores que, siendo altamente trascendentes incluso muy impactantes, dicen, ¡y dicen muy bien!, del personaje  en cuestión y por ello se hace pertinente, puede que hasta obligado, aclarar los aspectos originarios a considerar que distinguimos:

 

{1°} Primeramente que el día 15-8-1171 se trata de un niño, un niño zamorano, que es hijo de los soberanos leoneses.Que en atención a lo que se indica, por la Real Academia de la Historia, de su crianza inicial sería responsable la salmantina María Ibáñez y también  el matrimonio leonés formado por Adán Martínez y María Díez, en lo que se estipula hasta los cuatro años de edad. Pasada la niñez, su formación más amplia, y por ende más rigurosa,   estuvo en manos de Armengol VII, conde de Urgel y señor de Valladolid, y de Juan Arias y su mujer, Urraca Fernández.

 

{2°} En lo que respecta a su linaje, ya que en su persona confluyen nuevamente las dos ramas borgoñesas de la Casa de Ivrea (originaria de la Casa de los Condes Palatinos de Borgoña que enlaza con la Casa Jimena  navarra -.- aportada por Fernando I-.- en el dominio románico leonés), 

 

{3°} En lo que reza del lugar del nacimiento, la muy importante ciudad de Zamora, espacio territorial de la Imperial Corona Leonesa (del Regnum Imperium Legionensis), apetecida que fue por los castellanos (1072) pero igualmente  anhelada tanto por los leoneses amplios como por los concretos portucalenses que en algún momento del condado la tienen para sí..

 

{4°} Por lo que a niveles hispánicos supone tal acontecimiento de inter-equilibrio potencial peninsular centrado en la submeseta norte ibérica (su primo Alfonso VIII, reinante en la Corona de Castilla, tiene ya 16 años y ha sido muy hostigado por su tío Fernando II de León).

 

{5°} En su incidencia en las preponderancias religiosas de la época y posible suma entre las Sedes Episcopales de Santiago de Compostela y Braga y sin olvido de las “querencias controladoras” de los sucesivos Papas {Eugenio III (1145-53), Adriano IV (1154-59) y ·Alejandro III (1159-81)}

 

{6°} Con todo el trasunto de la Casa Imperial Leonesa y las percepciones, “pro dominativas” (hacia el “afán imperial leonés”), entre las dos ramas de la misma, a saber: 

 

1°) Casa Real Leonesa (con Fernando II y Alfonso I X).

2°) Casa Real Castellana (con Sancho III y 

Alfonso VIII).

 

{No olvidemos nunca que la actual Casa Real Española desciende ditectamente de la Casa Imperial Leonesa}.

 

Y su fidelidad pro unificante hacia la “totus Hispanie” {que se acrisola con el infante leonés Fernando (de Valparaiso, Zamora, Corona Leonesa), heredero de ambas Casas Reales y situado en la Casa Imperial Leonesa}.

 

{7°} La repercusión en la submeseta sur (por posible conjunción de objetivos y/o intereses leoneses/portugueses y, sobre todo, en toda la franja del oeste peninsular, con especial incidencia en la Extremadura Leonesa y en los Reinos de Jaén, Córdoba y Sevilla.

 

No olvidemos que cerca de la ciudad de Zamora, en el lugar de Ricobayo de Alba (en 1126) en la Tierra de Alba, ya se habían reunido las dos ramas de Ivrea (la preponderante de Alfonso VII de León y la dependiente de la Condesa de Portugal Teresa, -.- siendo parientes como sobrino carnal y correspondiente tía carnal -.-)  para fijar  detalles sobre las linderas del Condado Portucalense dentro del dominio territorial del ya pujante Imperio Hispánico Legionensis.

 

Estamos en la efemerides del DCCCL aniversario del nacimiento zamorano de un Infante Leonés como fue el  niño Alfonso, el hijo de los Reyes Leoneses D. Fernando y Da Urraca.

 

Otras cosas sobre el zamorano Infante Leonés Alfonso vinieron después del 15-8-1171 y en sus momentos tambien las celebramos.

 

Hemos tenido la suerte o la dicha, puede que la providencia, de estar en este día y de congratularnos por este momento “tan nuestro”, ¡”tan leonés”!,  tan de nuestra tierra y tan de nuestra gente. Nos alegramos por ello.

 

Sean nuestras fraternales felicitaciones a todos aquellos, sean conocidos nuestros o no, que han escrito, difundido o transmitido, por cualquier soporte tecnológico sobre el “DCCCL ALFONSO IX”. 

 

Desde “todo un mundo” que comenzaba en la ciudad de Zamora un día 15 de agosto, de aquel año 1171, en el espacio integral de la Corona Leonesa, para el devenir de un niño surgió mundial y universalmente “el Mundo de Alfonso IX”

 

Fue un Mundo el de Alfonso IX, que podemos considerar como: real, efectivo y práctico,  aquel preciso: “el Mundo de la utilidad de su Reino”.

 

Sean felicidades, en el día de hoy, para los habitantes de cuatro fraternales regiones, históricas y bi-constitucionales, que somos gentilicia y regionalmente conocidos como: extremeños, leoneses, gallegos y asturianos.

 

Hoy, hace 850 años fue un gran día, ¡un extraordinario día!, nació en la ciudad de Zamora, al abrigo de sus defensas amuralladas, nuestro paisano  Alfonso IX.

 

Un hombre de aquí, de los nuestros,

¡de la plena leoneseidad!.

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