Bueno mis queridas personas, hoy os propongo un trabajo en el que tendréis que poneros el traje del hambre para escribir en vuestro bloc de actividades, y explicar cómo creéis que afecta el hambre al pensamiento en el hombre. Ya sabéis podéis utilizar recortes de prensa, fotografías, recuerdos, ficción, realidad…

La nieta de Romualdo, estaba creando escuela con sus talleres de actividades. Pero les decía que también ella aprendía algo nuevo cada día con sus experiencias.

– ¡Cuánto se parece a su abuelo! Dijo Remigio mientras dirigía la mirada a sus dos amigas de vida  Rosa y Rosalina.

– Desde luego, por tener, tiene hasta la misma sonrisa picarona. Pero lo que más me gusta de esta mujer, es su entrega, lo bien que explica, el ímpetu que pone en lo que dice y hace. Comentó Rosa.

– Estoy totalmente de acuerdo amigos, pero propongo, ahora que tenemos el taller fresco, hacer una aproximación a la tarea que nos ha encomendado. Así se explicaba Rosalina, diccionario en mano. Leyó: Hambre, deseo y necesidad de comer. Escasez de alimentos. Apetencia de algo. Hombre, individuo de la especie humana. Persona, ser humano, sujeto. Venga Remi, construye una frase con las dos palabras.

-El hambre hace desigual al hombre. Argumentó Remigio.

– El hombre que es víctima del hambre no entiende de fronteras, no entiende de colores, ni de etnias, ni de religiones. Soltó Rosa de un tirón.

– El hambre despiensa al hombre. Pensó Rosalina en voz alta.

Mordida existencial: En las voces de los tres amigos que habitan en la residencia, escuchamos opiniones sobre los estigmas del hambre en el hombre. Desde la postura de no haber pasado hambre, es muy fácil opinar. Por eso hoy, a modo de tarea, como la que la nieta de Romualdo les ha puesto a los residentes, creo que todos, vosotros los que leáis estas líneas y yo, podemos pararnos a pensar durante unos pocos minutos, qué seríamos capaces de hacer si llevásemos meses comiendo solo una vez al día un puñado de arroz. Seguramente que entenderíamos mucho mejor a las personas que arriesgan sus vidas, viajando a lomos de la muerte o a las que se ven  abocadas a un presente que nunca imaginaron. No se puede pensar con claridad desde el hambre. Para pensar tiene que llegarte antes el oxígeno del pan a la garganta.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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