democracia de consumo

“El mal menor” es una expresión que suena a excusa, vemos que algo funciona mal, y el vendedor, para convencernos de que es el mejor producto que puedes obtener te dice alegremente, sin complejos y con un toque de sabiduría: “Es el mal menor”

Si se trata de un coche, una lavadora o incluso un teléfono móvil se puede tolerar que te digan esta ridiculez como argumento de compra, a fin de cuentas estos triviales objetos solo condicionan pequeñas parcelas de nuestras vidas, y además tenemos control sobre ellos, podemos tirarlos, revenderlos o modificarlos para que se ajusten más a nuestras necesidades, pero cuando el objeto en venta es la forma de gobierno que pactamos entre todos para crear un Estado, entonces la cosa cambia mucho.

“Por lo menos en democracia si alguien hace algo mal, o abusan de su poder, hay mecanismos para echarles”, otra idea que junto con la primera conforma la armadura comercial de la Democracia, no solo es el mejor de los males si no que además presume la existencia de delincuentes, pero les podremos echar según ellos. Hasta ahora todavía no he visto a ningún político dejar su puesto antes de hacer alguna fechoría, y la mayor parte de las veces tras cometerlas suelen salir absueltos, pero ¿por qué?

En estos tiempos de crisis hemos visto cómo la moral y la ley ya no van de la mano, vemos cosas que son moralmente aberrantes como la privación de libertades, la persecución subjetiva de sectores comerciales, en Madrid no se cierra la hostelería, en León sí por ejemplo, se experimentan políticas con total subjetividad y a nadie le rechina los dientes; bien, todas estas cosas son inmorales sin embargo la ley las permite, y la ley se ha figurado por encima de la moral, de ahí que la gente antisistema las denuncie, pero no nos hagamos la ilusión de la esperanza, es pronto, porque los antisistema solo denuncian las inmoralidades cuando juegan en su contra. Si la “Ley Mordaza” ataca los intereses de los separatistas creando persecución contra ciertas cuentas de Twitter que atacaban la figura del Rey o de otras instituciones, entonces esta ley era inmoral, pero ahora que esa ley sirve para preservar el orden actual de cosas, se ha convertido en una ley de pleno derecho que nadie puede reprochar. Por lo tanto la moral solo es un valor a preservar cuando nos interesa, y cuando no pues nada a seguir venerando a la Ley.

¿Es entonces la Ley algo malo? No, por favor, el problema está en que las leyes no se hacen para preservar el Bien y protegernos del Mal, si no que se hacen con un sentido subjetivo para preservar o enaltecer la imagen circunstancial del partido que nos gobierna, de ahí que eventualmente la ley no vaya de la mano con la moral.

“Gracias a la democracia todo el mundo tiene voz y hay libertad de partidos, las ideologías pueden expresarse libremente sin temor a ser perseguidas”, tercer argumento en defensa de la democracia. Decir que el Sol da calor, presentándolo como un valor positivo incuestionable es una forma vulgar de rehuir otra gran verdad, a saber que en verano te puedes quemar y sufrir innumerables consecuencias negativas por verte demasiado expuesto a ese calor tan agradable.

Los partidos políticos actúan en defensa de sus intereses porque la democracia establece un reloj con cuenta atrás para su duración en el poder, y “durar en el poder” significa ganar dinero, por lo que es como si a un trabajador le dijéramos el día que entra: “tienes un contrato de cuatro años después te pueden echar a la calle, pero si convences a la gente puedes conseguir otra prórroga – ¿qué tengo que hacer para seguir en el poder? (dice dubitativo el trabajador) – solo tienes que hacer algo que convenza al público, haz las cosas para que parezcan bien, no digas la verdad solo lo que hace sentir segura a la gente, y nunca cedas nada a tus compañeros de trabajo, son la oposición, quieren tu puesto – ¿pero y el beneficio de la empresa no cuenta? (el pobre trabajador todavía piensa con la mentalidad reducida del paleto que no conoce la gran ciudad) – no te preocupes por eso, al final si todos hacen lo mejor para ellos mismos, eventualmente se convertirá en progreso para todos.”

De todo esto hay algo innegable que cada uno puede deducir por su cuenta, y es que si los partidos actúan en beneficio propio nunca van a cumplir sus promesas electorales, porque el día en que la izquierda saque a todo el mundo de la pobreza dejarán de ser necesarios y entonces ¿quién les votará? O el día que la derecha consiga mantener unido al país eliminando a la amenaza disruptora, ¿quién les votará? ¿Qué podríamos necesitar de los partidos si las promesas hubieran sido cumplidas y el país no tuviera grandes problemas? De esta situación se deduce que siempre van a hacer su trabajo a medias para poder prometer que si les votamos en las siguientes elecciones terminarán lo que no pudieron hacer hasta ahora, y que la culpa de no poder avanzar más es de la oposición.

No os confundáis pensando que la culpa de esta situación es de los partidos políticos que tenemos. No son especialmente malévolos, la culpa es del propio sistema, de la democracia. La forma de Gobierno actual implica que quienes tienen que traer soluciones para el país, pelean por el poder con un baremo totalmente subjetivo: “la opinión de la gente en base a si sonó bien el discurso, a si es guapo o feo el que habla, a si hablan bien o mal de él diversos medios comunicativos”. Si en democracia los gobiernos se consolidan en base no a los resultados del partido, si no de si nos gusta más o menos cómo hablan sus representantes, es normal que los partidos se aprovechen y hagan de las suyas.

“Pero si un dictador subiera al poder no haría nada más que robar y adueñarse de todo”, esa es la lanza de ataque de los demócratas. Bueno yo no sé el futuro, pero la democracia es joven, sin embargo las monarquías tienen siglos de experiencia y no se puede decir que fueran un completo desastre,(tampoco que fueran una utopía feliz), ahora bien yo entiendo su temor, naturalmente si uno mira los años 20 y 30 del siglo XX y observa las dictaduras que hubo en Europa a uno le entra miedo de abandonar la democracia, pero hay que ser observadores, ¿por qué el poder absoluto fracasó en el siglo XX cuando a lo largo de la historia el absolutismo fue un sistema estable y que cohesionaba a las sociedades? Porque nada bueno puede salir de elegir de entre el pueblo a un individuo para ser el Monarca Absoluto, el fascismo es la mayor degeneración de la democracia, permitir al pueblo elegir un gobierno democrático es una temeridad, pero permitir al pueblo elegir a un Dictador es un suicidio.

¿Quién gobierna entonces?

Los de siempre, en los siglos pasados, incluso si nos remontamos a la Grecia Antigua, gobernaban las clases sociales dedicadas a esta profesión, gente que era instruida desde niños para gobernar, en aquellos tiempos se les enseñaba arte militar, economía, algún idioma… A lo mejor hoy tener un Rey que nos gobernase habiendo sido instruido en idiomas, economía, ciencia, y otros conocimientos útiles, podría dar como resultado gobiernos eficientes. Este no es un alegato por la monarquía, si no por la aristocracia, el gobierno de los mejor preparados, que por su propia naturaleza termina convirtiéndose en monarquía, ya que solo algunas familias estarán dispuestas a continuar la tradición y formar a sus hijos entregándolos a la ardua tarea de sostener un Estado y llevarlo al progreso.

“Pero la soberanía debería residir en el pueblo”, esa es una pequeña daga de los demócratas, no obstante un arma irrisoria, que todos sabemos que es mentira, porque en democracia los gobiernos se levantan fundamentados en el sufragio pero cuando hacen algo mal y la gente protesta se hacen oídos sordos y el espectáculo continua porque el voto da derecho más allá de lo imaginable. Pero puedo añadir más, ¿quién querría que el trabajo de un fontanero fuera decidido por la opinión de gente ajena a la profesión, por ejemplo la familia o la comunidad de vecinos? Lo normal en estos casos siempre es dejar a los profesionales hacer su trabajo, sin embargo de alguna manera nos hemos convencido de que todos somos profesionales del gobierno. Todos queremos ser astronautas, médicos, o Cristóbal Colón, pero solo algunos tienen lo necesario para alcanzar los resultados que le dan nombre a su profesión.

JA!