La Camerata Iberycas, de reciente creación e impulsada por el percusionista de la OSCyL y solista de castañuelas Tomás Martín, ha ofrecido 3 conciertos esta semana. El día 21 en Zamora (Teatro Principal), el 22 en Arévalo (Teatro Castilla), y el 23 en Segovia (Alhóndiga,).

El programa se iniciaba con tres de las ocho piezas de la ‘Suite op. 47’ (‘Suite española’) de Isaac Albéniz,: ‘Castilla’, ‘Sevilla’ y ‘Asturias’. Para estrenar, a continuación, la ‘Suite Bergidum’, de la compositora leonesa María José Cordero, que sorprendía y maravillaba a los asistentes.

Una obra inspirada en la tierra berciana de la autora, que consta de cuatro movimientos: En el primero Valle del Silencio, la música nos lleva por un lugar poblado por los sonidos de la naturaleza, y en el que es posible encontrar la paz, y una joya del mozárabe: la iglesia de Santiago de Peñalba. En el Campo de las Danzas la romería va en peregrinación a la cima de una montaña entre rezos y cantos. A continuación llega la magia con El Camino Olvidado, allí, en la melodía, están inscritas las huellas de todos los que lo transitaron; y para finalizar: Médulas, frenesí en las minas de oro y cantos de liberación de los mineros.

Tras la interpretación de ‘La oración del torero’ de Joaquín Turina, llegaba el segundo estreno del programa: ‘Fantasía española para castañuelas y orquesta de cámara’, del valenciano Joaquín Gericó, integrada por las piezas ‘Tiempo de jota’, ‘A modo de danza-Bolero’ y ‘Allegro quasi final’.

Tomás Martin nos regalaba en todas las actuaciones un “bis” de castañuelas que nos asombró y cautivó.

Los que hemos tenido la oportunidad de asistir a estos conciertos, hemos podido conocer también la belleza del teatro principal de Zamora, (una joya del siglo XVII), la calidez de los aplausos del público en los tres conciertos, y la alegría con la que los músicos tocaban sus instrumentos. Un contento que se trasmitía a los espectadores.

Felicidades a María José Cordero, a Joaquín Gericó y a todos cada uno de los músicos especialmente a Tomas Martin, por mostrarnos como un instrumento tan sencillo, tan nuestro, como son las castañuelas puede, él solo, hacernos vibrar y emocionarnos.

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