Rosalina contemplaba desde la ventana el paso de los niños con sus madres y padres el primer día del colegio. Aquella estampa parecía más la escena de una película que la realidad de aquellos momentos en la calle.

Cogió sus pinceles, los óleos y se dispuso a pasar al lienzo aquellas imágenes que ni en la más pura ficción se hubieran dado. Fue dejando constancia de aquella realidad extraña y totalmente impensable unos meses atrás.

Rosa la observaba sentada, mientras leía el periódico del día anterior que le había pasado Remigio.

Ahora estaban otra vez cerrados a las visitas. Remigio echaba mucho de menos a la nieta de Romualdo, que todas las semanas les visitaba dos veces por lo menos y se lo pasaban de rechupete con ella.

-¿Qué te pasa Remigio, tienes esa cara tuya tan…?

-Pues mira, me estoy acordando ahora mismo de tu nieta. Otra vez sin poder disfrutar de su compañía. Eso era lo que estaba pensando y de ahí mi cara de amargadito, como dices tu.

– Anda ven a la ventana, mira qué contentos van los niños a la escuela.

-¿Pero cómo sabes si van contentos si no les puedes ver con la mascarilla?

– Bueno hombre no digas bobadas, se ve de sobra, vienen brincando y saludando a sus amiguitos, eso sí, a la distancia reglamentaria. Creo que va a ser muy difícil para los profesores este curso. Los mayores todavía, pero a los más pequeños, ¿cómo les harán saber que no pueden abrazar a sus amiguitos?

– O darse algún tirón de pelo o empujón, que aunque sean pequeños, ya se sabe que los hay peleones y con un pelín más de egoísmo que los demás.

– Remigio hijo, tu siempre fijándote en lo mejor de lo peor. No sé para que largas tanto, si luego eres un cachito de pan con tomate y jamón.

Mordida existencial: Ni en la mayor película de ficción, se hubiera imaginado su director, escenas tan inverosímiles e inauditas. Lo cierto es que el curso comienza y el coronavirus, se colará en las aulas como un espía maligno. Por ello debemos ser todos muy responsables y cumplir las normas sanitarias. Hay que ponérselo lo más difícil posible. Manos limpias, metros de distancia, mascarilla. La regla de las tres emes imprescindible. Sin olvidar a todos los que se ha llevado por delante.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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