-Cómo se extraña a tu nieta Romualdo. Dijo Remigio, después de que le diera un bostezo por enésima vez

-Ya lo creo. Argumentó Rosa mientras ponía una carta en el centro de la mesa.

– Vamos chicos que es para hoy. Increpó Romualdo que como llevaba muy buena mano, quería seguir la partida antes de que los otros dos se amuermaran del todo. Para un día que ganaba, sus compañeros no ponían empeño en la partida.

– Tienes razón, asintió Rosa, venga Remigio, pongámonos a la partida con empeño. Tenemos que acostumbrarnos a no verla durante quince días, pero tampoco debemos quejarnos. Aquí en la residencia estamos acompañados y muy bien atendidos. ¿Os imagináis a cada uno de nosotros solos en nuestras  casas?

Hubo un silencio que casi se cortaba. Habían vivido muchas cosas, les había pasado de todo en sus vidas, o eso era lo que creían…

-No somos más que una mierda pinchada en un palo, y si nos quitan el palo… Dijo como para sí mismo Remigio. Los tres se rieron, Remigio había dicho la frase con humor. – Ahora sigamos la partida, pero no sin daros antes las gracias por vuestra amistad y la solidaridad que me mostráis. Los tres se agradecieron mutuamente los días, las horas, la vida que estaban pasando juntos en la residencia y comentaron que la labor que llevaban a cabo todas las personas que trabajaban en el centro, era primordial, por ello decidieron que en cuanto terminaran la partida irían una por una a darles las gracias a todas y todos los que se encargaban de su bienestar diario.

Mordida existencial:   Ahora más que nunca, tenemos espacio para recuperar el tiempo que no  nos hemos dedicado a nosotros, tenemos espacio para compartir el tiempo con la/las personas que tenemos a nuestro, tenemos espacio para compartir el tiempo con nuestra propia soledad, para conocernos un poco más, para recapacitar si de verdad merece la pena transportar un ego muy grande durante toda la vida. También tenemos espacio para agradecer  a todos los sanitarios, a los transportistas, a los y las trabajadoras de alimentación, de farmacias, de tiendas para animales, de estancos, a los medios de comunicación, a las personas defensoras del orden, a todos los voluntarios que se han prestado de una manera totalmente solidaria a ayudar a las personas que lo necesitan…, en fin a todas las personas que siguen haciendo que la vida sea eso vida.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo

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