-No sabía que te gustara la poesía. Comentó la nieta de Romualdo, al ver a Remigio con un libro titulado “Razones para vivir” de Mar Mirantes en la mano.

-Ya ves, ni yo mismo lo sabía, pero el otro día, me encontré con este libro, encima de una de las mesas de la biblioteca, el título me produjo curiosidad,  lo abrí al tuntún por una página y te leo: “Desencuentro: A veces, / aún te añoro / ¡pues tanto nos quisimos! / y en ese desencuentro / te amé, sin ser amada, / me amaste / y no te quise” En la misma página: “Dolerá, lo sé, / cada día de mi vida / mientras viva”. Remigio le tendió el libro a la nieta de Romualdo:

-Y… mira que ilustraciones tan sutiles pero a la vez tan significativas. La muchacha cogió el libro, lo abrió al azar y se encontró con este poema: “Poetas del mundo, / indignaos, / pues jamás / de vuestra imaginación / manarán versos / que igualen / la hermosura / de un te quiero / en el momento exacto / en el que el amante / ya lo daba / todo por perdido.

Cerró el poemario y asintió. – Mar Mirantes, dijo en voz alta, había oído hablar de ella, pero no había leído nada suyo. Por favor Remigio, cuando termines de leer el poemario, ¿me lo dejas?

-Por supuesto, pero en la biblioteca tienes otro de esta misma autora titulado “Agua” y las ilustraciones también son de Nacho Aller, te lo digo por si quieres ir abriendo boca, corazón, vísceras, alma…, mientras yo termino de saborear los versos de este precioso “Razones para vivir”.

Mordida existencial: Mar Mirantes, es una escritora y poeta con una capacidad extraordinaria de bordar sentimientos, al menos eso es lo que yo he palpado mientras caminaba por sus versos. Según leo sus poemas, es como si yo misma estuviera pensándolos, y eso se debe, creo humildemente, a la médula espiritual y a la vez cotidiana que ella tiene de surcar palabras. A través de los dos poemarios suyos por los que he transitado, intuyo una persona que se abre en canal cuando respira por sus propios renglones. También hace sentir a medida que vas interiorizando sus poemas, el gurruño interno que como lector compartes con ella.

Los poemas de Mar Mirantes, unidos a las ilustraciones de Nacho Aller, te llevan al interior de esa víscera común y bendita que se llama vida.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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