León agoniza. Se desangra por los cuatro costados: el económico, el poblacional, el histórico-identitario, y como resultante de todos, el social.

La reciente encuesta de la EPA, sobre el 2019, muestra cifras espeluznantes para la provincia leonesa. Siendo la media de paro de toda Castilla y León de 1,21 % de incremento, en la provincia de León se dispara al 25 % (lo multiplica por 20); pero.. ¡oh, milagro!, solo las provincias castellanas de Valladolid, Palencia y Burgos, no solo no aumentan paro, sino que arrojan una notable disminución del mismo: Palencia lo baja un 38,3 %, Burgos un 15,7 y Valladolid un 8,77 %. Las tasas de actividad sitúan a Zamora y León en los últimos puestos de toda España.

La sangría demográfica viene dada por la emigración forzosa en busca de trabajo, sobremanera los jóvenes, que generan su prole en el exilio. Ello provoca que la tasa de envejecimiento de León, según el INE, sea, tras Zamora, la segunda peor de Europa. La tasa de escolarización, en León, será este año la más baja de la historia. León ha perdido, bajo esta Autonomía, 60.000 habitantes.

Como consecuencia de todo ello, con una escasísima industrialización, la sociedad leonesa está herida de muerte. Los sindicatos CCOO y UGT convocan manifestación señalando, con toda razón, el abismo económico y social en el que está sumida la provincia leonesa.
Convenimos con ellos en que, ya en la UCI, al borde del colapso, León necesita una transfusión urgente, una inyección de inversiones, industria, recuperación de servicios perdidos, que generen actividad económica y asienten población, tan solo para recuperar el tono vital y evitar el óbito final.

Para tratar la enfermedad, hay que hacer primero el diagnóstico correcto. Y este nos dice que el mal no afecta solo a León provincia, sino a toda la región, y no así a la castellana, pues hay provincias a salvo de la debacle; más concretamente, el eje Palencia-Burgos-Valladolid.

Los causantes no están en “desiertos remotos ni montañas lejanas”. A menos que alguien pueda aseverar que los dirigentes, empresarios, sindicatos y ciudadanos leoneses son menos inteligentes y capaces que los castellanos, o que el Karma nos determina, habrá que inferir que la diferencia proviene de las políticas discriminatorias de la Junta de Castilla y León.

Y también es lícito deducir que ese trato desequilibrado no es fortuito, sino estratégicamente planificado, para aminorar la potencialidad de la región leonesa, e incrementar la posición hegemónica de Castilla, con su cuartel general en Valladolid.
Ya al formarse esta Comunidad, tras el engaño de que se repartirían las sedes

administrativas y de gobierno, equitativamente entre León y Castilla, y no cumplirse, los funcionarios autonómicos se concentraron sobre todo en Valladolid. La región leonesa tiene 4.000 funcionarios menos de los que le corresponde por población. En Valladolid se sitúan: La Central de Emergencias (sanitarias, incendios, etc.); el Centro de Recuperación de

Animales Salvajes (y en Burgos); el Grupo de Rescate y Salvamento (alta montaña); Las Federaciones Deportivas; el correo postal, aunque origen y destino sea la misma provincia, pasa por Valladolid.

Las cartas enviadas por la Junta a fuertes empresas, ya instaladas en León, incentivando su traslado a Valladolid, fue otra grave ignominia. Estos ejemplos muestran la política deliberada de concentración de servicios y empresas en Valladolid, en detrimento del resto de la Comunidad.

La supresión del tren Ruta de la Plata, al contrario que Extremadura que mantuvo su tramo, supuso una desvertebración de la región leonesa, que la Junta pudo evitar, y no lo hizo.

Para compensar el desequilibrio interregional, hubo la oportunidad de recibir miles de millones de fondos europeos, en los periodos 2007-2013, y el 2014-2020, a invertir solo en las provincias leonesas, como territorio empobrecido. Pero finalmente se optó por

solicitarlos para toda la Comunidad. Y al incluir Castilla, con mayor renta, se recibió mucho menos. Eso sí, la Junta se salvó de reconocer que la región leonesa estaba manifiestamente deprimida, y además pudo repartir los fondos por toda la comunidad, a su criterio particular. Los Fondos Miner, en lugar de resarcir a las comarcas mineras, promoviendo su reindustrialización, viajaron a zonas que nunca tuvieron mina, caso de Valladolid.

Como ejemplo de discriminación, tenemos el Conservatorio de León, que quedará ya pequeño antes de abrirlo; se ha proyectado con 6 millones de euros (el de Zamora, en obra, con similar inversión), mientras que en el de Burgos se invirtieron 11, y en el de Valladolid 67 millones, de hace 13 años.. Desde que la Junta se hizo cargo de ellos, en 2007, el de Valladolid ha generado un incremento de 30 profesores, el de Burgos 23 y el de León solo 1.

Sobre la agresión identitaria, baste recordar que la idiosincrasia leonesa, y su historia, están siendo fagocitadas, y rebautizadas, bajo una castellanización progresiva, por la Junta, por medio de su brazo ejecutor, la Fundación Villalar, y por libros de texto

manipulados, que adoctrinan a la población leonesa. El sello Tierra de Sabor, con diseño netamente castellano; llamar “Queso castellano” a los de la región leonesa, o Carne de Ávila, a las de Riaño o Sahagún, son solo un botón de muestra.

El desequilibrio no es azaroso, sino perfectamente planificado, en favor de Castilla. Los datos de las pensiones confirman que tal discriminación ha sido continua. Estas, al ser contributivas, y recoger decenas de años de cotizaciones, constituye un buen indicador de renta. Y señalan a Valladolid, Palencia y Burgos, como las de pensiones más altas, con diferencia. Mientras que las provincias leonesas se encuentran todas en la cola.
Que aún a la vista de los desastrosos datos actuales, alguien ose decir que ésta es una “historia de éxito”, es la enésima provocación a nuestra inteligencia y paciencia. Será de éxito para la región castellana en su conjunto. Letal para nuestra región.

Se concluye que la pobreza leonesa es un mal sistémico, y deliberadamente provocada por la “Junta de Valladolid”. Por tanto, la terapia, o solución, no pasa solo por una inyección de inversiones, para mantener las constantes vitales, que aun siendo necesarias y de justicia, para devolver a la región leonesa una mínima parte de lo sustraído, de lo que nos correspondía por derecho, solo harían que prolongar la agonía, y el estatus colonial, hasta desaparecer como pueblo.

La terapia de sanación exige un trasplante de órganos vitales: un nuevo corazón que palpite con sentimiento leonés, y un nuevo cerebro que dirija los destinos de la región leonesa, sustentándose ambos en nuestra esencia medular y secular: nuestra historia, los primeros fueros de occidente, tradiciones, nuestra lengua, los concejos: todo eso tiene un nombre: el Autogobierno, la Autonomía del País leonés.

Es un débito constitucional, que por derecho nos corresponde, y ya es hora de cobrarlo definitivamente. Una Región Leonesa libre, como corresponde a una “tierra de libertades”, según expresión de Rogelio Blanco.

Concluyendo, apoyamos la reivindicación de los sindicatos para evitar la muerte del tejido social, laboral y poblacional, a la que ya estamos abocados, solicitando inversiones en industria y servicios; bienvenidos sean, pero en el leonesismo social, convencidos de que la discriminación del País leonés no se corregirá con parches, pues la Junta la lleva en sus genes, no vemos otra solución que nuestra propia Autonomía.

Por todo ello, animamos a los ciudadanos leoneses a participar en la manifestación del día 16, por el rescate de León, y la región leonesa. A los Zamoranos y Salmantinos les decimos: venid a acompañarnos en esta manifestación, por la autonomía leonesa; os acogeremos como hermanos del país leonés, y os apoyaremos cuando vosotros lo reclaméis.

Igualmente, apelamos a los sindicatos de estas provincias hermanas, Salamanca y Zamora, a exigir el trato reparador, de urgencia, que requieren sus respectivas provincias, como en León.

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