El objetivo de este trabajo es intentar ofrecer un marco teórico para el análisis de las decisiones de demanda de trabajo alternativo al convencional, en particular, al construido desde la economía neoclásica, tomando para ello como punto de partida la concepción de la empresa propia de la teoría de las capacidades o de las competencias productivas”. Eduardo Fernández Huerga, profesor y miembro del Grupo de Investigación de Economía Aplicada de la ULE, ha realizado una investigación centrada en la influencia de las capacidades y competencias de los trabajadores en la visión de la empresa.

El trabajo recoge por un lado los elementos esenciales de la visión de la empresa que emana de la teoría de las competencias o capacidades productivas. Esta rama de la literatura es muy amplia y diversa, siendo posible identificar diferentes perspectivas con diferentes orígenes teóricos. “En este trabajo se presentan principalmente las ideas esenciales de la visión más cercana a la economía institucional y evolutiva. Además, también se reelaboran algunas ideas y conceptos de este enfoque teórico de la empresa a partir de los fundamentos filosóficos del realismo crítico; así, por ejemplo, para analizar las interacciones entre los individuos o agentes y su entorno se utiliza el modelo “morfostásico-morfogenético” de agencia-estructura propuesto por Margaret Archer”, explica Eduardo Fernández.

EL ENFOQUE DE LAS COMPETENCIAS PRODUCTIVAS
La idea esencial de la teoría de las capacidades productivas es que la empresa puede concebirse como un sistema estructurado de competencias aportadas por los individuos que trabajan en ella (almacenadas, fundamentalmente, en sus hábitos de pensamiento y acción), por la organización en su conjunto (asociadas al conjunto de fenómenos socioeconómicos que forman parte de la empresa) y por el capital físico, todas ellas interdependientes entre sí. Este sistema de competencias constituye, según Fernández Huerga, el conjunto de factores de los que dispone la empresa para desarrollar sus

actividades, “que son muy diversas, difíciles de comparar y de reducir a una escala de valoración común y que se desarrollan en tiempo real y en un entorno sujeto a la presencia de incertidumbre fundamental”. En particular, las competencias que proporcionan los individuos pueden ser de muy diversos tipos: destrezas manuales, conocimientos técnicos sobre cómo producir, capacidades para llevar a cabo actividades de I+D, habilidades para vender los productos o servicios, conocimientos sobre procedimientos para dirigir y coordinar la actuación de varios individuos, etc. En definitiva, esas competencias son generalmente una cuestión de conocimientos y de habilidades prácticas e intelectuales, y están presentes en todos los ámbitos y niveles de la empresa, desde la jerarquía directiva hasta las escalas inferiores de la organización.
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“Una parte de esos conocimientos y habilidades son adquiridos por los individuos fuera de la propia empresa, fundamentalmente a través del conjunto del sistema educativo y del proceso de socialización al que han sido expuestos, pero otra parte de las competencias, quizás la más relevante a efectos de su aplicación a la producción, se obtiene y alcanza sentido en la propia empresa, a través de la experiencia, del aprendizaje y de la interacción dentro de la organización con otros individuos y con el grupo en su conjunto”. De hecho, según concreta Huerga, si la naturaleza de las competencias se puede asociar a una cuestión de conocimientos y habilidades, “eso supone reconocer que éstas pueden transformarse y expandirse a través del aprendizaje, es decir el análisis de la empresa no puede estar en la asignación de unas competencias previas, sino en la creación, producción, adaptación y mejora de esas capacidades y desde una perspectiva dinámica y evolutiva”.

La segunda parte del trabajo afronta el intento de construir un marco teórico que permita explicar los procesos de toma de decisiones de demanda de trabajo que se desarrollan en las empresas, así como sus posibles condicionantes. Para ello, a lo largo de la exposición “se abordan diversos aspectos, como la vinculación de las decisiones de demanda de trabajo con la planificación estratégica de la empresa y sus condicionantes, la caracterización de la demanda de trabajo como una demanda de competencias productivas, las consecuencias de que esas competencias estén incorporadas en seres humanos, o la relativa independencia entre el proceso de toma de decisiones de demanda de trabajo y la fijación de los salarios”.
En líneas generales, esta visión de la demanda de trabajo permite incorporar gran parte de las peculiaridades del trabajo y de su demanda destacadas desde diferentes ámbitos de la economía heterodoxa (en particular, desde la economía institucionalista y poskeynesiana), encaja con la literatura tradicional sobre mercados internos de trabajo y sobre segmentación del mercado de trabajo, y otorga un papel central al entorno socioinstitucional en el que se desarrolla la toma de decisiones en este ámbito.
UN GRUPO DE INVESTIGACIÓN HETEROGÉNEO

Eduardo Fernández Huerga pertenece al Grupo de Investigación de Economía Aplicada, que actualmente está coordinado por Carlos Arias Sampedro y que en los últimos años está logrando alcanzar unos destacables resultados (reflejados, por ejemplo, en publicaciones internacionales de elevado impacto). Se trata de un grupo heterogéneo, conformado por un conjunto de investigadores que trabajan desde posiciones teóricas diferentes y que están especializados en temas muy diversos: economía agraria, ecología, medio ambiente, comercio internacional, economía política internacional, estudios críticos de desarrollo internacional, desigualdad y redistribución, economía regional, economía laboral, economía del conocimiento y bienes comunes, macroeconomía financiera,…. Esta diversidad puede considerarse una de las principales virtudes y riquezas del grupo.

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