AGRADECIMIENTOS
Es un honor celebrar hoy con ustedes el aniversario de nuestra carta magna en León, cuna del parlamentarismo europeo. Es un orgullo para mi recordar que la referencia más antigua que se conoce sobre el sistema parlamentario europeo es precisamente la de los Decretos de León. Estos documentos se remontan al año 1188, al reinado de Alfonso IX, y tal y como declaró la UNESCO en 2013, “reflejan un modelo de gobierno y de administración original en el marco de las instituciones españolas medievales, en las que la plebe participa por primera vez, tomando decisiones del más alto nivel, junto con el rey, la iglesia y la nobleza, a través de representantes elegidos de pueblos y ciudades”.
Desde aquellos Decretos del siglo XII hasta la Constitución Española de 1978, el parlamentarismo español ha recorrido un camino no exento de dificultades. Un largo camino que nos ha conducido a nuestra actual ley suprema, cuyo 41o aniversario

conmemoramos hoy. Se trata de una celebración importante porque estos 41 años de la Constitución han sido, sin duda alguna, los mejores años de nuestra historia. Nunca hemos tenido un período tan prolongado de progreso político, económico y social.
Durante demasiados años, fuimos un país centralizado, sometido a una dictadura militar, aislado y con una economía atrasada. 41 años después podemos decir con orgullo que la Constitución de 1978 ha sido una historia de éxito: nos ha permitido convertirnos en un país democrático,

con una de las organizaciones territoriales más descentralizadas del mundo y con una economía dinámica que ha aumentado el bienestar de los ciudadanos como nunca antes lo habíamos hecho. Asimismo, nuestro actual marco constitucional nos ha permitido desarrollar una legislación en materia de libertades civiles y de derechos de las mujeres de las más avanzadas del mundo, con una sanidad pública de una calidad extraordinaria, y una sociedad mayoritariamente abierta e inclusiva.

 

La Constitución de 1978 y la pertenencia de España a la Unión Europea nos han permitido vivir más de cuatro décadas de progreso. Los cimientos
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sólidos de ambos marcos de convivencia también nos fortalecen de cara a los desafíos que tenemos que resolver. La España como problema y la Europa como solución alumbrada por Ortega hace tiempo que quedó atrás. Nuestro largo viaje a Europa terminó hace más de tres décadas. Ya no vamos a Europa, ahora somos Europa. Europa, por tanto, ya no es nuestra solución, es nuestra responsabilidad.

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