Hala, Mazem, Samir, Ghada, la familia al completo, acompañados por los hermanos Ahmad y Khaled, a los que también se ha unido Julia, la hija de Clotilde, vecina de la familia y novia de Ahmad, se dirigen en tropel hacia el centro médico del barrio, han visto los carteles en donde se pide a los vecinos que se lleguen hasta el centro si desean donar sangre.

Donar sangre, piensa Hala, mientras recorren el trayecto. Que bueno que mi sangre le sirva a alguien, ya que no pudo valerle a ninguno de mis seres queridos, muertos por una odiosa contienda.

Donar sangre, se dice Mazem para sí. Así siento como que redimo un poco la muerte de los míos. Tiene que esforzarse para que las lágrimas no le delaten.

Donar sangre, Samir está feliz, desde que cumplió los dieciocho años, edad en la que ya se puede donar, ha acudido regularmente a dejar su oro líquido.

Donar sangre, me sienta muy bien, piensa Ghada, es como si me liberara. ¿Quién sabe cuánta necesitaré yo algún día? Y cuando eso ocurra, al menos habré contribuido donando ahora que soy joven y estoy sana.

Donar sangre, a Ahmad le parece que es una obligación. Además siente que así, de alguna manera colabora a regenerar el mal de una odiosa guerra que dejó, a él y a su hermano, huérfanos.

Donar sangre, Khaled se acuerda de uno de sus alumnos, que sufrió cáncer, cuyo tratamiento, necesita del líquido milagroso. Muchos tratamientos no se podrían llevar a cabo sin la solidaridad de los donantes, piensa. Todos somos enfermos potenciales.

Donar sangre, Julia sabe, por una buena amiga de su madre, que con la edad, hay medicaciones para las personas mayores, en los que se utiliza el oro rojo para paliar la enfermedad y hacer mejor el día a día de la persona afectada. ¿Qué sería de todos ellos sin la empatía de tantos donantes? También siente agradecimiento por todos sus amigos refugiados, que junto a ella, acuden a aumentar el gran río de la donación.

Mordida existencial: Vaya la mordida para David Martínez Serrano,                            que el pasado viernes 13 de septiembre, acudió por vez primera al Consultorio Médico de Veguellina de Órbigo, para donar sangre. ¡Enhorabuena! Uno más en la gran familia de los donantes. Una familia que debería ser mucho más grande,  porque habrá, hay momentos en los que la sangre ya escasea y cada vez es más necesaria. Nos deberíamos preguntar: ¿Si un día necesito sangre, y nunca, cuando debía y estaba sano, me acerqué a donar, no me remorderá un “poquito” la conciencia? Por eso antes de que sea tarde, acerquémonos a donar la sangre, o al menos una parte, de la que podríamos necesitar mañana.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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