Foto: Valentín Costo

Territorios Vivos recoge soluciones mediante la acción local para enfrentarse al cambio climático en las Reservas de la Biosfera y territorios de montaña

Tras identificar debilidades y fortalezas, crear una visión de futuro común y proponer ideas e iniciativas realistas y abordables, se realizará un plan piloto de adaptación en los territorios participantes que se podrá extender al resto de Reservas de la Biosfera

La iniciativa de Territorios Vivos permitirá adaptar mejor estos territorios al cambio climático y potenciar estrategias de desarrollo sostenible que eviten el deterioro y la despoblación de zonas rurales de alto valor ecológico

El proyecto, apoyado por el Ministerio para la Transición Ecológica a través de la Fundación Biodiversidad, y la Fundación Iberdrola España, se basa en un proceso de participación pública que involucra población local y entidades públicas y privadas dispuestas a apoyar estas acciones

Escuchar la voz de la población local ha sido la clave para tratar de salvar los territorios de montaña del cambio climático. De esa escucha activa surgirá un plan de acción con ideas sencillas y abordables para mejorar problemas globales a los que se enfrentan las Reservas de la Biosfera y las zonas de montaña.

Ese ha sido el objetivo de la puesta en común organizada por la Asociación Territorios Vivos, en la que aunaron la experiencia obtenida en otros territorios y las acciones propuestas en los talleres celebrados esta primavera en las Reservas de la Biosfera Valles de Omaña y Luna y Ordesa-Viñamala, en los que se han identificado los retos y las posibles soluciones encaminadas a la adaptación al cambio climático de estas y otras zonas afectadas.

El encuentro, celebrado en la sede de Ecooo en Madrid, contó con la presencia de responsables de las dos Reservas de la Biosfera participantes, de otras zonas protegidas, instituciones, asociaciones y representantes de la Fundación Biodiversidad y la Fundación Iberdrola, financiadoras del proyecto.

Las iniciativas recogidas en las dos zonas de montaña fueron las protagonistas del evento al ponerse en común para enriquecerlas y mejorar la eficiencia en su puesta en marcha, ofreciendo ideas y propuestas para conseguir el máximo impacto con el mínimo coste.

Estas propuestas están relacionadas con la mejora de la gestión de bosques y recuperación de senderos, el manejo de la ganadería extensiva y la recuperación de pastos, fortalecer la investigación y valorizar el conocimiento tradicional, el fomento de iniciativas de emprendimiento relacionadas con la producción sostenible de productos locales, la sensibilización sobre el valor y el consumo del agua y ecosistemas sensibles y desarrollar programas de concienciación y educación en colaboración con centros educativos de cada territorio.

La experiencia de otras Reservas de la Biosfera

Además del análisis de estas propuestas, se pusieron en común experiencias de otras zonas que pudieran ser de inspiración, como las explicadas por Cristina Herrero Molino, coordinadora del proyecto DialogosRB.net, diseñado para reunir, complementar y difundir conocimientos resultantes de las buenas prácticas de desarrollo sostenible en Reservas de la Biosfera de la Red Española.

Cristina describió las experiencias positivas llevadas a cabo en varias Reservas de la Biosfera; Alto Bernesga, con una iniciativa de dinamización empresarial realizada por mujeres, Montseny, con una acción colectiva de los propietarios forestales para la gestión forestal, el aprovechamiento de la biomasa y la mejora de la habitabilidad de las masías y otra de los empresarios turísticos para la gobernanza participativa del territorio, Lanzarote, con una labor prolongada por la sostenibilidad de la isla, la transformación ecológica del olivar en Sierra de las Nieves, el plan alimentario de Mariñas Coruñesas o el compostaje comunitario de la Materia Orgánica doméstica en Allariz.

Esta experta destacó la importancia de la difusión de los conocimientos sobre desarrollo sostenible adquiridos en distintos territorios para ponerlos al servicio de otros. Sobre este aspecto intervino Miquel Truyol,  gerente de la Reserva de la Biosfera de Menorca, quien relató lo conseguido tras implantar un plan de adaptación de los bosques menorquines al cambio climático que se ha desarrollado durante los últimos diez años, desde 2009.Truyol hizo una lectura positiva de lo conseguido “puesto que, sorprendentemente, los resultados han tenido menos impacto que el proceso en sí, con la participación y el diagnóstico local, que ha continuado produciéndose incluso en los últimos cuatro años, cuando ya no había dinero institucional para perpetuar el trabajo”.

Por su parte, Manuel Monge, responsable de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, explicó la importancia de conjugar ciencia y gestión. Según relató, la experiencia en su zona siempre ha estado orientada hacia el conocimiento científico y coordinada con un equipo de la Universidad del País Vasco, donde han investigado la respuesta de los estuarios al aumento del nivel de mar, la progresiva desaparición de las playas causada por la erosión de las arenas y debido en parte a la mayor incidencia de los fenómenos extremos, las afecciones climáticas y humanas que afectan a las marismas y los proyectos llevados a cabo para estabilizarestablecer dunas y divulgar el valor de esos ecosistemas costeros.   

Territorios y entidades participantes

La jornada contó también con la intervención de Francisco Heras, de la Oficina española para el Cambio Climático, “si el clima se mueve, nosotros también tenemos que movernos; la adaptación a este cambio es una necesidad. La capacidad de adaptación al clima por parte de la humanidad ha sido parte del éxito de la misma y en la actualidad el escenario es diferente, porque tenemos que cambiar, pero no sabemos en qué sentido”.

Fernando García, presidente de la Fundación Iberdrola, insistió en la importancia que su fundación da a los objetivos de desarrollo sostenible, los que consideran como el marco de actuación de todas sus actividades (defensa del medio ambiente terrestre y marítimo y el desarrollo de energías sostenibles).

Los asistentes pudieron visualizar un vídeo realizado en el marco del proyecto en ambas Reservas de la Biosfera (Valles Omaña y Luna y Ordesa-Viñamala), que según explicó el coordinador del mismo, Roberto Aquerreta, “se ha realizado en un tiempo récord de tres meses, donde hemos podido cumplir con la propuesta del título de la iniciativa, que dice todo lo que queremos hacer; trabajar desde la resiliencia, mejorar la capacidad de adaptación de los territorios desde una perspectiva de los ecosistemas y las actividades humanas que se desarrollan en los mismos, y lo hacemos generando acciones de pequeño calado que nacen desde los propios territorios”.

Tres meses de participación y propuesta de soluciones

Territorios Vivos ha realizado talleres participativos en las Reservas de la Biosfera Valles de Omaña y Luna (León) y Ordesa-Viñamala (Huesca) encaminados a definir una visión de futuro común en base a los problemas y potencialidades de cada territorio, y la identificación y definición de ideas e iniciativas que pudieran formar parte de un plan de acción piloto para mejorar la adaptación de estas zonas de montaña al cambio climático.

Las iniciativas surgidas son aquellas que los participantes consideraron prioritarias para comenzar a cambiar el presente y el futuro de territorios tan bellos y valiosos.

El proyecto está impulsado por la Asociación Territorios Vivos en colaboración con las Reservas de la Biosfera mencionadas y cuenta con el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica, a través de la Fundación Biodiversidad, y la Fundación Iberdrola España y se basa en un proceso de participación pública capaz de involucrar tanto a la población local, a organizaciones y entidades públicas y a las iniciativas privadas que identificarán, propondrán y ayudarán a poner en marcha las acciones propuestas.

Salvar las montañas del cambio climático

Con este proyecto se busca reducir la vulnerabilidad de los territorios de montaña ante el cambio climático a través de un proceso participativo, centrándose en los ecosistemas potencialmente afectados y las actividades socioeconómicas que dependen de ellos. La necesidad de frenar la despoblación, el cuidado de bosques y fuentes de agua o la revitalización de sistemas de gestión comunal son aspectos que, relacionados con esta problemática, también ha sido objeto de debate y propuesta.

Las áreas de montaña son lugares con un incalculable valor ecológico, paisajístico y antropológico. Sin embargo, son entornos muy frágiles a los que el cambio climático está afectando con especial intensidad. Ya se dejan notar sus efectos en un aumento de la temperatura, disminución de las precipitaciones, aumento de la intensidad de eventos extremos, pérdida de especies, disminución de espesor y duración de la nieve y mayor riesgo de incendios, entre otros. Todos ellos son desafíos a los que se enfrentan las comunidades de las zonas de montaña pero que afectan a la sociedad en su conjunto.

Las Reservas de la Biosfera de Ordesa-Viñamala y Valles de Omaña y Luna presentan algunos de los paisajes de montaña mejor conservados de Europa y guardan valores ambientales y culturales que les han hecho merecedoras de reconocimiento internacional por la UNESCO. Sin embargo, enfrentan un futuro difícil tanto por el éxodo poblacional como por los impactos que puede tener el cambio climático en sus ecosistemas y en sus medios de vida.

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