– Sí, dime. ¿Qué pasa, hay algún problema?

– Deberías venir, la muchacha que encontraste en la calle hace unos días, está indispuesta, te necesitamos para que traduzcas.

A Ahmad, le pasó una estrella fugaz por el cerebro. Llamó a Julia, quería que le acompañara, la muchacha había empatizado mucho con ella, más si era lo que él presentía. Por el camino hacia el centro social donde estaba acogida la muchacha, Ahmad fue comentando a Julia lo que pensaba. Cuando llegaron al centro, corroboraron sus sospechas, la muchacha estaba embarazada, lo sabían por la analítica y el reconocimiento médico que le habían hecho.

La chica miró a Julia con ojos de perra apaleada, avergonzada y humillada, aunque no había entendido mucho, si se fijó en el dibujo que una de las trabajadoras le hizo en un papel, una mujer embarazada. ¿Intentan decirme que estoy embarazada? Unas lágrimas torcidas y abrasadoras, bordearon sus mejillas.

-Ahmad, dile que no tema, que la vamos a ayudar. Ahmad tradujo mientras Julia tomaba entre las suyas, las manos de la muchacha, dando cobijo a tanta soledad y olvido. Sintió en su propia piel, parte del dolor que la muchacha soportaba.

– Pregúntale si quiere tener ese hijo. Ella es la única que debe dirigir su vida. Ahmad hizo la pregunta como si tuviera arena en la boca. Julia le espetó:

-Será mejor dar una solución positiva. Es mayor de edad, y puede decidir lo que quiere hacer. Si lo tiene sin quererlo, sus vidas serán aún más difíciles. Tampoco sabemos cómo ni porqué ha quedado embarazada, debemos darle unos días para que asuma lo que quiere hacer, por lo que dice el informe, lleva ocho o diez semanas de embarazo, así que puede decidir no tenerlo. Ahmad seguía con la boca llena de arena, no estaba acostumbrado a  escuchar a Julia hablar con aquel desparpajo sobre algo tan importante para él como era la vida de un ser. Julia se dio cuenta.

-Ahmad, aunque no estés de acuerdo, debemos darle a ella la oportunidad de que decida, es ella y solo ella, quien debe asumir esa decisión.

Mordida existencial: Es una historia inventada, pero creo que habrá miles de historias reales que la superen.

Esta narración es una excusa para apoyar a todas las mujeres, en una de las decisiones más importantes de su vida: ser o no ser madres.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo.

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