Clotilde entró en la única tienda de ultramarinos que quedaba en la calle.  El tendero sería de su edad, se conocían de siempre. Había dos personas además de a la que estaba despachando. Clotilde se acercó a la zona en donde estaban las cajas con la fruta y entonces escuchó:

– Esto es una vergüenza, ayer llegó otra familia de esos que vienen de allá, en mi bloque ya casi son más los de allá que los que aquí. No sé que va a ser de nosotros.

Clotilde se fijó en la persona que hablaba. Por supuesto se dijo, quién iba a ser. Se acercó a las dos que estaban en conversación: – Pero bueno mujer. ¿A ti te ha hecho alguien algo? ¿Te han quitado algo? Y… digo yo, que todos nos buscaríamos la vida si no hubiéramos tenido oportunidades en nuestra tierra, tú tampoco eres la más indicada para hablar, no eres oriunda de aquí.

– Tienes la manía de meterte en conversaciones ajenas y aquí nadie te ha preguntado tu opinión.

– Es cierto, llevas toda la razón, pero no he podido por menos. Yo, sin ir más lejos, le agradezco mucho a la familia que vive enfrente su ayuda y cuidado para conmigo. Son muy buenos vecinos. Desde que tengo a Hala y su familia de vecinos, estoy en la gloria. Con ellos tan cerca me siento muy protegida. Y te diré más, no han venido aquí a quitarnos nada, llegaron huyendo de unas condiciones lamentables debido a la guerra que se está librando aún en su país, por eso no he podido por menos de meterme en tu conversación, nos conocemos de toda la vida y sé que eres buena persona, pero no hay que malmeter, eso no ayuda, al contrario.

– Yo no malmeto que lo sepas, es lo que se oye en la radio y en la tele.

– Ya pero habrá que tener criterio propio querida, que no digo que también entre los que han llegado, no existan bichos, pero como aquí, como en todas las partes.

– ¿Quién va ahora? Dijo el tendero. Allí se cortó la conversación.

Mordida existencial: Ya lo dice mi vecina de enfrente: “No hay mejor hermano que el vecino más cercano”. No le falta razón. Si te da un pasmo, al primero que recurres es al vecino, antes incluso de coger el móvil para que venga el compañero o familiar más allegado en tú ayuda. Quizás no somos conscientes de ello hasta que nos pasa, pero tener y ser buenos vecinos, es una forma de vivir mucho más tranquilos.

Manuela Bodas Puente – Veguellina de Órbigo

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